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Rincones de Japón

En Japón hay muchos sitios emblemáticos que todo el mundo que hace turismo visita, si va con un grupo organizado porque es a los sitios donde le llevan, y si hace un viaje a su medida, porque son los sitios de los que hablan en todas las guías y que todo el mundo que ha ido le recomienda que visite. Así, sitios como Asakusa en Tôkyô, el Castillo de Himeji o el templo Kiyomizudera en Kyôtô, por poner tan solo unos pocos ejemplos, son sitios de visita obligada, incluso por los propios japoneses. Y si el viaje es de pocos días, probablemente será lo único que se acabará visitando. De hecho, hasta yo me he visto en la misma tesitura (aunque algunos sitios como Kinkakuji, que seguramente estás en la lista de visitas prioritarias de cualquier turista, no los visité hasta el tercer o cuarto viaje).

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Pero por muy apurados de tiempo que vallamos, creo que es muy importante “deambular” por sitios no tan turísticos y posiblemente mucho más “auténticos”. Supongo que esto será aplicable a todos los países del mundo, pero en el caso de Japón es especialmente importante. Si abandonas, ni que sea por unos instantes, las rutas marcadas a golpe de riada de turistas, no solo podrás respirar un poco más relajadamente, lejos de las multitudes, si no que además podrás descubrir rincones de gran belleza, pequeños templos muy interesantes, detalles de la vida cotidiana, y ves a saber qué más. Y a veces no hace falta alejarse tanto como podría pensarse, he vivido casos en que, tan solo pasando por la calle paralela he acabado descubriendo alguna grata sorpresa.

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Se que algunos pensaréis que estoy exagerando, pero es cada rincón de Japón tiene alguna cosa que ofrecer, y tan solo por el hecho de seguir una ruta más indirecta, o ir caminando de un sitio a otro, en vez de tomar algún transporte, puede verse recompensado con creces. Y ya no digamos los pequeños restaurantes con el mejor XXX (poner el plato que prefiráis) que has probado nunca, que puedes descubrir, o la tienda perdida en la que puedes encontrar eso que no encontrabas por ninguna parte (a mi me pasó con una librería de segunda mano).

Es por eso que dentro de la campaña “12 meses, 12 temas” que estoy siguiendo este año en el blog, he decidido dedicar el mes de mayo a estos pequeños rincones de Japón que son mucho menos habituales que se visiten si vas de turismo. Sed unos chafarderos, entrad allí donde no parezca que esté prohibido (tampoco es cuestión que os metáis en problemas), pero sobre todo, ¡dejad que vuestros pies os conduzcan libremente allí donde ellos quieran, y fijaos únicamente en lo que os rodea!

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Shibuya vs. Ikebukuro

Tokyo es una ciudad con diversos “centros” o zonas singulares, generalmente identificados con algún tipo concreto de negocio (esto no es totalmente cierto, pero si que podríamos considerarlo una buena aproximación). Así, en Akihabara puedes encontrar material electrónico y sitios relacionados con el mundo del manga/anime/videojuegos; en Roppongi es donde puedes encontrar el ambiente más occidental de la ciudad; en Shinjuku también hay mucho comercio y, sobre todo, muchos negocios relacionados con el ocio; Ginza puede asociarse con los comercios de lujo, etc. De hecho, si miramos la línea circular Yamanote, casi podríamos hacer un seguimiento de estos puntos mirando las estaciones de la línea.

Y entre todos estos centros neurálgicos también podemos encontrar Shibuya y Ikebukuro, ambos con bastante fama incluso entre los neófitos, a pesar de que es Shibuya la que se lleva la mayor tajada de la fama. Si hubiéramos de encasillar estas dos zonas, sin duda sería como áreas para ir de compras, y en el caso de Shibuya especialmente para compras de ropa, y más concretamente de la última moda joven. Como siempre, encasillar una cosa de forma tan simplista es arriesgado, ya que hay muchas más cosas, pero los sitios más conocidos y emblemáticos si que podrían encasillarse de esta forma. Por lo que respecta a Ikebukuro, a pesar de ser también un área básicamente de compras, estas serían más generales, basadas en grandes almacenes.

Shibuya es conocida por diversos elementos como Hachiko, un sitio para encontrarse bastante popular (como el hecho de “quedar delante del Zurich” en Barcelona), el más que famoso paso de peatones que hay delante de la estación (y que ha estado mostrado en infinidad de películas), el singular edificio 109, una gigantesca tienda de ropa de mujer (aunque ahora se están diversificando), y las gigantescas pantallas de televisión que te rodean mires hacia donde mires.

Ikebukuro no recibe tanta atención ni por parte de las guías turísticas ni por parte de otros elementos como películas, fotografías comerciales, etc., y tal vez por eso no sea tan conocido. Esta zona inicialmente se desarrolló como zona comercial sobre la base de dos grandes almacenes muy importantes, pero ahora se pueden encontrar edificios singulares como el Sunshine City, o calles que si las aislásemos podríamos pensar perfectamente que forman parte de Akihabara.

Personalmente Ikebukuro nunca me había llamado especialmente la atención y es, de todas las zonas mencionadas, la que seguramente se encuentra más “alejada de todo”, motivo por el cual en todos los viajes que he realizado me he pasado por Shibuya (especialmente para ir a una tienda de Mandarake), pero a Ikebukuro todavía ni me había acercado, cosa que quise corregir la última vez que estuve en Tokyo.

Como ya he dicho, de Ikebukuro no tenía tantas referencias como de Shibuya, así que iba un poco a ciegas, pero si pude constatar diversos elementos comunes con Shibuya, como el hecho de que según salgas por un lado o el otro de la estación parece que estés en sitios totalmente distintos, o que el tráfico de vehículos y personas podríamos decir que es incluso superior a la saturada media tokiota. Pero también tuve la sensación de que son muy distintas. Así, mientras que Shibuya tiene un aspecto más actual, Ikebukuro me dio la impresión de ser un sitio viejo que todavía está evolucionando hacia la modernidad.

También es distinto el tráfico, ya que aunque en ambas zonas hay muchos coches y peatones, Shibuya parece tomada por los segundos, mientras que en Ikebukuro el tráfico es mucho más importante, hasta el punto que a veces me sentí un poco agobiado por este. Si, en Ikebukuro hay zonas peatonales en las que es incluso difícil avanzar, pero en Shibuya la gente ha “tomado” las callejas, incluso las que no son peatonales.

Y también está la cuestión de la luz. Aunque no me quedé suficiente tiempo para ver Ikebukuro de noche para comprobar su “brillo nocturno”, me dio la impresión de que era un sitio más oscuro… o tal vez debería decir que menos brillante, que Shibuya..

La parte más positiva de Ikebukuro es que parece que va evolucionando menos hacia un consumismo total como Shibuya y se está transformando en otro tipo de consumismo, con diversos equipamientos culturales y espacios más orientados hacia las familias o actividades complementarias a la mera “compra”, mientras Shibuya parece más adecuada para grupos de amigos, jóvenes preferentemente, con ganas de divertirse..

Ante de acabar querría remarcar de forma muy enfática que la mayor parte de los comentarios son simples impresiones personales como consecuencia de una única visita, razón por la que si puedo volver a ir no dudaré en visitar de nuevo Ikebukuro para confirmar o modificar estas impresiones.

Y como último apunte, decir que me habían comentado que al igual que Shibuya tiene a Hachiko, Ikebukuro tiene una figura similar, en este caso un búho, pero la verdad es que no fui capaz de encontrarlo. Si que vi una estatua con búhos, relativamente alejada de la salida de la estación, pero no se si es de la que me habían hablado (pasa muy desapercibida, la verdad). En cualquier caso, las respectivas fotografías son las que encabezan la siguiente galería para que comparéis (podéis verlas en grande en el álbum de Flickr). A la izquierda tenéis las fotografías de Shibuya, y a la derecha las de Ikebukuro para que, aunque no es lo mismo que vivirlo, podáis sacar vuestras propias conclusiones.

Kangojinja (漢国神社)

Una de las primeras cosas que hago al llegar a cualquier ciudad que visito como turista, especialmente si es la primera vez, es ir a la oficina de turismo a pedir mapas e informarme de qué es lo más interesante de la ciudad. Bueno, normalmente para confirmar lo que ya he buscado antes del viaje sobre ella. ¿Por qué lo hago si ya se lo que quiero ver? Pues por diversos motivos. En primer lugar, porque soy un coleccionista compulsivo de material turístico (siempre regreso con varios kilos de papel en folletos, prospectos, mapas, etc.), en segundo lugar por si mi visita coincide con algo especial (festival, celebración, aniversario, exposiciones temporales…), pero sobre todo porque me gusta ver la cara que suelen poner cuando les pregunto “¿qué más hay?”. Es evidente que no están demasiado acostumbrados a que la gente les pida información de cosas más allá de las que suelen promocionarse y que son las que puedes encontrar en cualquier guía de viajes.

Y el santuario que hoy os mencionaré es uno de estos ejemplos. En este caso no me lo mencionaron en la oficina de turismo, pero si que lo vi casi como una marca anecdótica en un plano de la ciudad. Kagojinja es un santuario muy pequeño, escondido entre las casas, pero muy cerca de la calle principal por la que pasa todo el mundo para ir a los templos más conocidos de Nara como Tôdaiji o Kasuga Taisha. Kagojinja está situado a 5’ caminando de la estación Nara de la compañía Kintetsu, y a 15’ de la estación Nara de JR, a un par de calles de la principal avenida comercial que conduce desde la estación JR hasta el parque de Nara y la zona de los templos.

Como nota curiosa, decir que el 19 de Abril, en este templo se celebra el Manju Festival para conmemorar la muerte de Lin Jingyin, la persona que elaboró el primer manju japonés (el manju es un tipo de wagashi o dulce tradicional japonés que suele tener una masa exterior a base de harina, polvo de arroz y alforfón, y estar relleno de azuki).

Supongo que os preguntaréis “¿Y que tiene que ver Kangojinja con todo lo que he dicho al principio?”. Pues que Kangojinja es uno de los ejemplos más claros de lo que debe hacerse, desde mi punto de vista, al visitar una ciudad: siempre que sea posible no debes ceñirte a los recorridos preestablecidos. Muchas veces pasando por un callejón que apenas si está marcado en el mapa, dando un pequeño rodeo para llegar a los sitios, o simplemente “perdiéndose un poco por la zona”, os permitirá no soplo captar el espíritu del lugar, sino que muchas veces también os permitirá descubrir pequeños rinconcitos muy agradables y tranquilos que tal vez no tengan una importancia histórica tan grande como los sitios situados en las rutas habituales, pero que pueden ser más bonitos o interesantes en otros aspectos que todos los “habituales” juntos.

Héroes anónimos

Ya hace más de una semana del terremoto y sus consecuencias directas e indirectas, y la noticia ha dejado de interesar a los principales medios de comunicación, probablemente porque no pueden hacer más catastrofismo, o tal vez por motivos más oscuros, pero no quiero ser malpensado ni crear teorías de la conspiración, al igual que como ya comenté en la entrada anterior, no quiero comentar las noticias relacionadas, pues ya existen medios mucho más cualificados que lo hacen. No, hoy quiero hablar de algunos héroes que, por el hecho de ser anónimos, se merecen aún más la calificación de auténticos héroes.

Es normal que en caso de catástrofe, natural o no, los gobiernos movilicen a los cuerpos de bomberos, protección civil… y si la situación es suficientemente grave, incluso al ejército. Evidentemente, en el caso de Japón, el ejército ha movilizado buena parte de sus efectivos. Y aunque realizar estas tareas es una cuestión de seguir órdenes, la verdad es que han de ser considerados miembros de pleno derecho de estos héroes anónimos.

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El terremoto de Japón

No creo que quede nadie que no se haya enterado del gran terremoto y posterior tsunami que ha afectado Japón pues los medios lo han comentado en abundancia, y no solo los tradicionales sino, como era de esperar, también en Internet, y muy especialmente los blogs y las redes sociales. De hecho, incluso gente que normalmente ni se preocuparía lo que sucede en Japón han hablado largamente de ello, y es que por desgracia no hay nada que despierte más el interés del ser humano que las desgracias.

Hoy no quiero comentar lo sucedido, todo el mundo ya tiene información más que suficiente, ni especular sobre lo que puede suceder si los peores temores sobre las centrales nucleares afectadas se cumplen. También sería muy fácil repetir las fórmulas habituales que se dicen en estos casos, pero ante la tragedia creo que lo mejor es el optimismo, así que trataré de mostrar una visión positiva de la situación, confiando en un futuro que permita relegar al tragedia a un simple mal recuerdo.

¿Y qué tiene de positiva esta tragedia? Pues en primer lugar el número de muertos. Si, os preguntaréis qué tiene de bueno que haya noticias, pero creo que la buena noticia es que las víctimas parece que se contabilizarán por centenares (se está hablando de poco más de un millar), cuando en circunstancias similares en casi cualquier otro lugar del mundo se contarían por miles, y más teniendo en cuenta la población total de la zona.

Las pérdidas materiales son terriblemente elevadas, pero los objetos se pueden sustituir, las vidas humanas no. Y para tratar de preservar el mayor número posible las autoridades japonesas han movilizado sus fuerzas armadas, que en un tiempo, diría que récord, han iniciado las operaciones de rescate, para las que se ha pedido incluso ayuda al exterior, especialmente a las fuerzas americanas estacionadas en el país. Veremos si, por una vez, los yanquis se comportan como es debido y dejan de preocuparse únicamente por ellos mismos.

También han evacuado las zonas afectadas por el riesgo nuclear, por eso de más vale prevenir que curar, cosa que me ha hecho recordar un incidente que tuvo lugar en Cataluña en que tras una fuga de partículas radioactivas (una fuga real, no posible), las autoridades de la central ni tan solo avisaron a las autoridades competentes hasta unos meses más tarde.

Bien, no quiero extenderme más de la cuenta, ya que incluso tratando de tener una visión positiva de la situación, el peso de lo sucedido es realmente abrumador. Dejadme pues acabar expresando mi deseo de que todo pueda volver lo antes posible a la normalidad.

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