Japón 2010: día 2

Aaaaayyyy! (いたいいたいいたい) Me estoy haciendo viejo, ya no estoy para estos trotes. Hoy he estado unas 10h desde que he salido del ryokan hasta que me he desplomado (literalmente) sobre el tatami a la vuelta. Diez horas en las que tan solo me he sentado una media hora para comer y los breves instantes en que me quitaba o calzaba los zapatos.

En algún sitio he leído que la ruta que he hecho hoy por las Higashiyama (un trozo que hasta ahora tan solo había recorrido de forma puntual, al Sur del Camino de la Filosofía) era de tan solo 5km. Claro que esto no incluye el llegar a la zona a pie (y no precisamente por el camino más corto), los recorridos por dentro de los diversos templos que he visitado, un camino equivocado por una cuesta especialmente pronunciada montaña arriba, o el más de 1km de debió para ir a comer. Y es que a la hora de comer estaba en la zona de Gion, y no era cuestión de pagar de más simplemente por encontrarme en la zona. Bien, eso y que en la galería comercial en la que he comido hay una tienda de miniaturas que quería visitar (afortunadamente para mi bolsillo no he encontrado ninguna que me llamara especialmente la atención).

Regresando a la ruta (y a un puestecito de taiyaki) la he finalizado, pese a tener que mirar los últimos templos con una cierta precipitación. La intención inicial era matar el tiempo de alguna forma y, por la noche, volver a hacerla (al menos parcialmente) ya que estos días por la noche tiene lugar el Kyoto Hanatouro Festival y se puede hacer a la luz de las linternas de papel, así como visitar los templos en un horario excepcional (de 18 a 21h, que aquí ya es noche cerrada). Matar el tiempo era fácil ya que a poca distancia hay una tienda de la cadena Book Off y quiero completar algunas colecciones de manga (los libros de segunda mano valen una miseria, y no parece que sean de segunda mano), pero me he propuesto no gastar por gastar como otras veces, y como me había dejado la lista de volúmenes que me faltan en el ryokan, he preferido no entrar, que seguro que algún que otro libro se me hubiera pegado sin querer.

Por tanto, como estaba muy cansado he decidido dejar la ruta nocturna para otro día y he regresado, buscando primero la ubicación de un restaurante al que tal vez me anime a ir uno de estos días (ha resultado estar cerca de donde he comido) y he seguido parte de un corredor subterráneo de transbordo de las compañías privadas de ferrocarril (de una parada a la siguiente, todo bajo tierra; un día tengo que hablaros de los “transbordos” japoneses) hasta la siguiente estación, donde he cogido el metro.

Después de estar un buen rato tirado como una estera vieja sobre el tatami, cuando me he decidido (de acuerdo, la responsable ha sido el hambre) a ponerme otra vez en movimiento, he ido a buscar alguna cosa al konbini y he arreglado la montaña de papeles acumulados durante el día, he comprobado que hoy me he pasado con el material gráfico: ¡¡¡más de 170 fotos y una veintena de vídeos!!! Suerte que esta vez había previsto ir vaciando la cámara y pasar el material a otro soporte, de lo contrario antes de llegar a la mitad del viaje ya no podría hacer nada más.

Pero ya es hora de dormir, que he de recuperar fuerzas para mañana.

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