Japón 2010: día 4

Día de tranquilidad y relax para variar. Hoy he quedado con un antiguo compañero de trabajo que por casualidad también está visitando Japón en estas fechas. La intención era ir al mercado que cada día 21 se celebra en Tôji y después ya veríamos. El día no se ha levantado demasiado bien, así que me temía seguiría siendo víctima de la maldición de este mercado (la última vez llovía a cántaros). Finalmente tan solo han caído cuatro gotas y el día ha estado bastante apacible.

La visita a Tôji esta vez la he completado con la visita a la pagoda de 5 pisos (el edificio de madera más alto de Japón), que ya tocaba, pues de los pocos sitios que he visitado en TODOS los viajes, y todavía no lo había hecho. De todas formas, no es especialmente espectacular (y un poco polvoriento, ¡de vez en cuando podrían sacarles el polvo a las estatuas!), y los árboles no estaban todavía suficientemente florecidos.

Después de Tôji, mi intención era seguir el Camino de la Filosofía para ver los cerezos en flor, pero este año la temporada se retrasa y no creía que valiera la pena solo por eso, así que me he despedido de los otros (que si han ido al Camino de la Filosofía) hasta la noche, y yo he ido al Museo del Ferrocarril a Vapor que no está muy lejos de Tôji y al que el primer día no pude ir porque llegué muy tarde. Este museo, ubicado en unas antiguas cocheras de la compañía JR, está muy pensado para los niños, que pueden tocar, ver y practicar, con actividades pensadas exclusivamente para ellos y un tren auténtico que aún funciona para hacer un pequeño recorrido. De todas formas, en Japón existe mucha afición a fotografiar ferrocarriles, así que también estaba lleno de gente sacando fotografías de las máquinas.

Después de comer, como estaba muy cerca de Higashi Honganshi, he decidido hacerle una visita, por si las obras ya se habían acabado, como en su templo gemelo, el Nishi Honganshi. La verdad es que, aunque la parte que estaba en obras hace cuatro años ya estaba acabada, ahora es el edificio de al lado el que actualmente está cubierto de andamios.

Un breve descanso en el ryokan para reposar, y de nuevo hacia la estación JR (verdadero núcleo que centra la actividad de la zona) para conectarme a Internet, revisar el mail y actualizar el blog con lo sucedido los tres primeros días. La verdad es que para ser Japón, la conexión era de pena, los ordenadores parecían no tirar ni a patadas… o sea, que aunque cada día seguiré escribiendo, no se cuándo volveré a actualizar el blog. Mientras esté en Kyoto seguramente no.0

Por la noche habíamos quedado para ver el Hanatouro Festival que personalmente dejé colgado el segundo día, pero como todavía tenía bastante tiempo, hoy si que me he decidido por ir al Book Off para ver si tenían los volúmenes que buscaba (y si, tenía 14 volúmenes, un pesado fardo para cargar, especialmente porque me he dejado la mochila en el ryokan). Después de dar algunas vueltas por calles de Gion que todavía no había visto y descubrir algún que otro cerezo en flor más, he matado el tiempo mientras llegaban los otros saboreando un taiyaki.

Durante el Hanatouro Festival la zona que visité el segundo día se ilumina con farolillos encendidos y los templos abren en un horario excepcional… y la gente parece que le regalen alguna cosa (cierto, es domingo y mañana festivo nacional, el Equinoccio de Primavera), pero lo cierto es que no podía darse ni un paso. No hemos entrado en ninguno de los templos ya que yo ya los había visitado y, volver a pagar solo para verlos iluminados, si no es realmente espectacular, creo que no vale la pena, y por lo que hace a los otros, creo que tenían empacho de templos después de los del Camino de la Filosofía.

Regreso a pie hasta la zona de la estación JR para una cena a base de tonkatsu después de una pequeña cola, que espero no fuera continuación de la que por la mañana, ya antes de las doce se había formado en la mayor parte de los restaurantes del centro comercial PORTA (mirad la foto).

La nota negativa del día se ha producido durante el desayuno, y es que unos gabachos (no se merecen ningún calificativo no despectivo) me han hecho sentir vergüenza ajena de ser extranjero en Japón. Están alojados en el mismo ryokan que yo, y al acudir a desayunar (incluido en todas las estancias), han exigido que este no fuera japonés sino occidental (una opción que no existe en este ryokan). De todas formas, tal como son los japoneses, han tratado de ser lo más serviciales posible, y en poco tiempo (supongo que el necesario para enviar a alguien a una tienda), les han traído unos mini croissant y unas botellas de zumo de naranja (seguramente de alguna máquina automática). Lo único positivo es que por este desayuno pagarán lo mismo que por el japonés, cosa que en un ryokan que sirva ambos tipos de desayuno representaría pagar más o menos el doble.

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