Japón 2010: día 16

La mañana se ha levantado con unas fuertes ventoleras que se te llevaban (cosa que no parecía importar a la gente que a las 9 de la mañana ya estaba guardando sitio en el parque de Ueno), cosa que ha obligado a interrumpir o ha provocado retrasos en diversas líneas de tren y metro de Tokio y alrededores (incluso en shinkansen iba con retraso). Entre otras se ha visto afectada la línea Chobu que es la que debía tomar para ir a Mitaka, ya que hoy era el día de visitar el Museo Ghibli y saludar a Totoro (pese a que ha estado muy grosero y no ha querido cogerme la entrada, quedándose quieto en la taquilla hasta que me he visto obligado a buscar otro sitio para entrar).

La verdad es que el museo está muy bien (poco os podré enseñar ya que no dejaban hacer fotos en el interior), pero la verdad es que “me lo imaginaba más grande”. Lo mejor, el corto exclusivo que tan solo puede verse en la sala de proyecciones del mueso. Lo peor, sin duda, la gran cantidad de gente que había en la tienda, y que no te dejaba ni moverte.

Sobre el museo, considero que tiene demasiado espacio dedicado a Ponyo, y demasiado poco al resto de producciones, al menos de forma específica de cada producción, como pasa con Ponyo. Pero todavía puedo considerarme afortunado, ya que en el cine después de la sesión que he visto yo, la gente que se había acumulado era impresionante (después la he sufrido en la tienda), y de la tienda he salido con poca cosa (solo tres, cuatro si contamos el póster que me han regalado), y siempre las versiones pequeñas, aunque he tenido en las manos la maqueta del avión de Porco Rosso unas diez veces, y la he devuelto a la estantería otras tantas (si hubiera sido más compleja seguro que habría acabado comprándola). En resumen, un museo totalmente pensado para los niños (aunque muchas de sus producciones jamás se las pasaría a mi hijo) en el que los “otros niños” como yo también podemos disfrutar (y envidiar a los más pequeños porque estos pueden saltar y entrar en el nekobus).

Y para completar el día, y teniendo en cuenta que estaba nuboso y podía empezar a llover en cualquier momento, he ido hacia Ikebukuro, donde todavía no había estado nunca. La verdad es que es como Shibuya… pero menos. Considero que le falta algo para ser realmente comparable con el otro centro al que muchos lo quieren equiparar. Pero esto no ha evitado que pudiera comer en un restaurante de estos en que te haces tú mismo la comida (tipo okonomiyaki) sobre una plancha que hay en la propia mesa. La verdad es que he pedido un plato que era una mezcla de todo con queso… y no ha quedado demasiado bien mezclado, pero estaba bueno, al igual que las gyoza que también se han acabado de hacer en la plancha.

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