Instalaciones ferroviarias

El pasado día 23, verbena de San Juan, en la estación de tren de Castelldefels Platja se produjo un accidente ferroviario en que un tren regional que no paraba en esa estación atropelló una multitud de gente que estaba cruzando las vías para acceder a la playa en vez de utilizar el paso subterráneo como correspondía. El incidente se ha saldado con un balance de trece muertos y diversos heridos, y ha provocado todo tipo de comentarios en relación a las medidas de seguridad de la estación, si las estaciones de ferrocarril en general son seguras o no, si están bien hechas o no, pero sobre todo se ha hablado de dónde acaba la previsión de riesgos y empieza la imprudencia de la gente.

No es mi intención entrar en este debate ni aportar ningún tipo de comentario o conclusión sobre este hecho, pero lo menciono porque ha sido el motivo que me ha hecho pensar en las instalaciones de los ferrocarriles japoneses (y casi podríamos decir que cualquier medio de transporte de ese país, especialmente los metros, que en muchos casos son auténticos “ferrocarriles metropolitanos”). Ya hace tiempo que quería iniciar una serie de entradas sobre los trenes nipones, así que he pensado que podría empezar por sus instalaciones fijas, o lo que es lo mismo, sus estaciones.

Estación Ritsurinkoen (Takamatsu)

Japón es conocido por combinar una cultura milenaria y llena de tradiciones con la más absoluta modernidad, pero la verdad es que este contraste nuevo-viejo podría decirse que se extiende a todos los ámbitos de la vida cotidiana. No solo es posible que entre los rascacielos de alguna de sus ciudades se paseen mikoshis durante un matsuri tradicional, sino que pese a ser el origen de las tecnologías más punteras en, por ejemplo, electrónica, aún es relativamente habitual ver cosas que aquí ya están completamente desaparecidas como las cintas de video o los carretes de película fotográfica (justo al lado de los Blue-ray disc o las cámaras digitales). De hecho, recuerdo la anécdota (ya hace casi cinco años de esto) de una persona que fue al Japón y, por no tener demasiado tiempo para decidir-se, en vez de comprar un reproductor de CD’s que reprodujera archivos en formato mp3 (en Japón la gama era tan amplia que habría sido difícil decidirse), pensó que ya se lo compraría al regresar a Barcelona, con tan mala fortuna que al buscar uno aquí le fue totalmente imposible encontrarlo; en todas partes le decían que ya no se vendían (o que ni tan solo existían), que para reproducir mp3 había de comprar un reproductor mp3 del tipo de los que existen actualmente, que eran más pequeños, etc. El problema es que ella quería este reproductor para poder escuchar los CD’s llenos de mp3 que tenía y finalmente no pudo hacerlo.

Anécdotas aparte, esta misma tendencia puede aplicarse a los ferrocarriles y sus instalaciones, y no solo por motivos nostálgicos (como el que se conserven trenes antiguos para hacer recorridos especiales o conmemorativos, que de estos aquí también hay), si no de forma real, práctica y cotidiana. Evidentemente no puedo afirmarlo con rotundidad, pero la impresión que uno se lleva después de visitar Japón es que allí aplican eso de “si funciona, no lo tires”, al contrario que aquí, que constantemente estamos cambiándolo todo por el modelo más moderno (a pesar que reconozco que en muchos casos es mejor así ya que de paso ahorramos en contaminación, costos u otros factores, pero este es otro tema). Como todos sabéis, por algunas estaciones japonesas cada día pasan millones de personas, pero seguramente no os podéis ni llegar a imaginar cómo de grandes y complejas son estas estaciones, y la verdad es que no me creo capaz de describirlas con suficiente claridad; tan solo os diré que, por ejemplo, la estación JR de Ueno tiene vías en seis o siete niveles distintos (y no una sola vía en cada nivel); las estaciones en las que se cruzan distintas líneas pueden llegar a tener seis o siete andenes dobles tan solo para las líneas locales, más dos o tres para los trenes más rápidos (aunque fuera de la estación sigan las mismas vías que alguna de las líneas locales), y si además tienen estación para los shinkansen, pueden tener cuatro o cinco andenes más (la estación de Tokyo creo que tiene 24 andenes en total). Si combinamos este número de andenes, las instalaciones anexas y la cantidad de gente que circula por ellas cada día, os podréis hacer una idea de la complejidad organizativa que debe suponer para las autoridades correspondientes. En el otro extremo del espectro nos encontramos con las estaciones de zonas poco pobladas, donde posiblemente no pase más que un tren de vez en cuando, y en las que la estación como mucho podría considerarse lo que aquí denominamos “apeadero”, poco más que una plataforma, sin ningún tipo de personal al cargo.

Estación Kyôto

La cuestión es ¿cómo son estas instalaciones? Realmente podríamos imaginarnos que las estaciones principales deberían ser súper modernas, con un evidente despliegue de medidas de seguridad, sistemas adaptados, etc. Y la respuesta es “Si pero No”. Entre las estaciones podemos encontrar de todo, desde las más modernas con escaleras mecánicas y ascensores bien adaptados (al menos parcialmente) para personas con movilidad reducida (como la de Kyôto), a estaciones que nunca dirías que son importantes dentro de la red ferroviaria, pasando por todo tipo de variaciones. Es cierto que cuando una estación se reforma la modernizan mucho, pero la verdad es que muchas todavía están en proceso de hacerlo (como la de Hakata), y no son más que un amasijo de corredores provisionales, escaleras temporales y zonas de obras. He incluso las más modernas tienen partes que parecen salidas de otra época (como Ueno).

En cualquier caso, lo que si puedes encontrar en todas las estaciones, sean nuevas o viejas o en proceso de remodelación, es un personal competente y una muchedumbre de gente muy cívica, de forma que es difícil que se produzcan accidentes. ¿Puede decirse que son inexistentes? Pues no, la verdad es que la seguridad total creo que es imposible de alcanzar (siempre existirán factores imponderables). Y sobre la actitud de la gente, ¿son todos los japoneses suficientemente cívicos para no provocar problemas de actitud o de vandalismo? Pues tampoco se puede generalizar, también existen japoneses estúpidos y vándalos, pero en comparación, y especialmente teniendo en cuenta el número de gente que utiliza las instalaciones, en términos generales podría decirse que si. Dudo mucho que en Japón veas gente cruzando las vías para ir a otro andén porque está retrasado y no quiere perder el tren. Es cierto que la frecuencia de paso de los trenes es muy superior y muchas veces puedes permitirte el lujo de perder un tren, y que las estaciones ya están pensadas de forma que, si un transbordo es habitual, lo más probable es que el pasajero no deba cambiar de andén, solo de vía (posiblemente si que tienen una planificación superior a la de otros países). Es cierto que el personal está atento y, por ejemplo en las estaciones del shinkansen en que un tren podría succionarte por el vacío que causa al pasar, tanto si tienen barreras de seguridad como si no, el personal de la estación amonesta a los que se acercan demasiado para su seguridad (generalmente extranjeros que quieren hacerse la fotografía con el tren de fondo). Y por lo que he leído parece ser que un conductor de tren japonés es capaz de frenar el tren en un tiempo récord y con una precisión milimétrica (antes que llegue el tren sabes perfectamente dónde se situará cada puerta según unas marcas que hay en el suelo, y que se cumplen con total precisión).

Bueno, creo que finalmente me ha salido una entrada con más contenido de opinión de lo que pretendía, así que perdonadme si ya puestos, para acabar, digo que es bien cierto que “el hábito no hace al monje”, y que todo y ser exigibles una serie de condiciones (seguridad, accesibilidad, recursos, etc.), en las estaciones de cualquier lugar, en último término son las propias personas y el uso que hacemos de las instalaciones lo que determinan la calidad. No podemos exigir estaciones en perfectas condiciones si constantemente estamos deteriorándolas con nuestras actitudes, ni exigir que sean otros los que piensen en la forma de evitar la próxima estupidez que cometeremos. Lo primero que debemos hacer todos juntos es cumplir las normas no solo cuando nos interesen, ser un poco más conscientes de lo que nos dicta la lógica, y tal vez tener un poco menos de prisa, por difícil que esto pueda parecer en el mundo demencial en que vivimos, ya que perder cinco minutos ahora nos puede permitir vivir un montón de años más en el futuro.

Foto: Arturo - Texto: Si os cae algún objeto a la vía, por favor avisen al personal de la estación.

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