Japanfreak

Hace unos días, mientras cenaba con unos amigos, no recuerdo muy bien porque motivo, uno de ellos me dijo que no podía aceptar lo que estaba diciendo porque para mi tan solo existen dos países en el mundo: Japón y el resto del mundo. Evidentemente es totalmente falso, para mi también existen Escocia e Irlanda… pero el caso es que me hizo pensar (una vez más) en los motivos por los que soy tan fanático de Japón, un verdadero “freak”. Y, la verdad, no podría decir exactamente cuándo o porqué empecé a serlo, básicamente porque tengo una gran cantidad de recuerdos al respecto, pero desconectados de su entorno temporal.

Cuando era pequeño me encantaba ir al cine, a la sesión matinal o a la primera de la tarde de cines como el Palacio Balaña o el Excelsior (desgraciadamente desaparecido), a ver pelis de Godzilla u otros monstruos del “kaiju eiga”, o lo que actualmente muchos calificarían de verdaderas aberraciones de ciencia ficción realizadas por los japoneses (y como he sabido posteriormente, con incomprensibles mutilaciones norteamericanas sobre la obra original). Es evidente que pese a que me gustaban mucho estas películas, no era consciente de su origen, y la verdad es que no distinguía entres ellas y las de Harry Harryhausen y sus discípulos (otras habituales de estas sesiones).

Mas adelante me aficioné a las películas “Made in HK” de los años 70, esas tan malas pero que te hacían reír (como las primeras de Jackie Chan o la infinita serie de imitadores de Bruce Lee). Aquí ya era consciente de su origen y, pese a que no eran japonesas, si que me acercaban al destino final, pues a partir de ellas fui descubriendo otras cinematografías asiáticas, hasta descubrir (o tal vez debería decir redescubrir) la japonesa, en buena parte gracias a las películas de samuráis de Akira Kurosawa, que eran las únicas que llegaban a nuestros cines o a la televisión. Para mi son memorables dos visionados: “Los Siete Samuráis” sin ninguna interrupción publicitaria en una sesión de “Cine Club” en la 2 y “Ran” cómodamente sentado en el cine Urgell desde una fila lo suficientemente próxima a la pantalla como para que la sangre te salpicara. Pese a ello, no creo que hubiera pasado de ver las películas que las distribuidoras considerasen “aptas para occidentales” de no ser por un ciclo de pelis japonesas que hicieron en la Universidad (y que me descubrieron unas historias originales y frescas) y el estallido del nuevo cine de terror que se puso tan de moda (y no estoy hablando de las infinitas versiones de “The Grudge”, si no de pelis como “Ringu”, o las pelis de Kiyoshi Kurosawa).

A todo eso debe añadirse el manga y el anime, y es que vivir en la comunidad en que posiblemente se inició antes y con más fuerza la afición por el “cómic japonés”, sin duda es un factor importante, así como la decidida apuesta que hizo TV3 para emitir este tipo de programación (era, he de confesarlo, un gran consumidor de la caja tonta).

Pero probablemente no fue el cine lo que me influyó más para convertirme en un freak del Japón, sino su historia. Desde pequeño me ha interesado mucho la historia, pero sobre los quince años, con el descubrimiento de los wargames de tablero, empezó a interesarme mucho la historia militar, y casi de forma inconsciente caí en las zarpas de de la era samuráis y de la Segunda Guerra Mundial (más en el teatro continental que el Pacífico). Recuerdo una conversación en una fiesta con un japonés (Creo que era cocinero del cónsul de entonces) sobre las diferentes formas de explicar al verdad, y mi determinación de empezar a aprender japonés para poder leer la versión de lo sucedido desde el otro bando. La verdad es que se convirtió en un intento fallido por diversas causas que no vienen al caso, pero me sirvió para sembrar la semilla que acabaría floreciendo más adelante.

Cine, historia, manga, diversos aspectos de la cultura de un país que iba descubriendo poco a poco, pero que iba cobrando impulso. Cada vez iba descubriendo nuevos aspectos de la cultura. Con los compañeros de las primeras clases de japonés (todos ellos formaban un grupo de aficionados muy “freaks” que se denominaban “Inu” y que por lo que he podido ir viendo, en buena parte han acabado trabajando en temas relacionados) descubrí mangas más allá de lo que podía ver en la tele o encontrar en las librerías (gracias por descubrirme a Tsukasa Hojo), especialmente porque todavía no edra tan fanático del manga como para buscar y rebuscar; alguien, no recuerdo quién, me pasó música (creo que era de X-Japan); la cocina, aunque ya la había probado unos años atrás sin impresionarme demasiado, me enamoró (actualmente podría comerla constantemente). Creo que en poco tiempo descubrí un montón de aspectos que aún desconocía, y en mi interior se fue formando una bola de nieve que rodaba montaña abajo sin que nada pudiera detenerla.

¿Se podría decir que en ese tiempo ya era un freak de Japón? Pues probablemente, aunque todavía me faltaba un elemento que creo imprescindible para llegarf a la rendición incondicional: visitar el país.

La que entonces era mi pareja, viendo que me gustaba todo lo relacionado con Japón me animó a seguir por ese camino (a ella también le gustaba mucho el manga y la cocina japonesa), así que volví a intentar estudiar japonés (otro pequeño fracaso, esta vez por motivos ajenos a mi voluntad) y, finalmente, en verano de 2001, hicimos un viaje de apenas 10 días a Japón, visitando Tôkyo y Kyôto… la condena estabas escrita, sellada y rubricada, y no habría perdón posible por parte de nadie. La sentencia, ser considerado un freak insalvable por mis amigos y conocidos, tres viajes más a Japón a lo largo de estos años, una sección entera de estanterías abarrotada de material relacionado exclusivamente con Japón (incluidos cinco archivadores llenos a reventar de material que he ido acumulando durante mis viajes y que me son de mucha ayuda para escribir las entradas de este blog), más de media vitrina atestada de figuras y otros recuerdos de Japón, dormir en un futón sobre un tatami, casi 1.500 películas y series de anime introducidas en una base de datos de pelis orientales (y lamentablemente con muchas todavía por visionar), este blog, y el que espero sea el intento final de aprender japonés como dios manda (ya llevo cuatro años, pronto comenzaré el quinto, así que creo que esta vez si es la definitiva).

2 comments so far

  1. Felipe Castillo on

    Mis respetos, valoro mucho el blog y es la primera vez que lo leo con tiempo y atencion, la verdad me he hechado el dia de hoy como 40 articulos o mas, y me impresiona la pasion con la que escribes, la verdad es de admirar tu pasion por Japon y espero algun dia poder llegar a tener esa pasion por el como tu…. Saludos desde México

  2. Mis respetos, valoro mucho el blog y es la primera vez que lo leo con tiempo y atencion, la verdad me he hechado el dia de hoy como 40 articulos o mas, y me impresiona la pasion con la que escribes, la verdad es de admirar tu pasion por Japon y espero algun dia poder llegar a tener esa pasion por el como tu…. Saludos desde México


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