Owakudani (大涌谷)

La zona volcánica próxima al Fuji es evidentemente rica en aguas termales, cosa que aprovechan los ryokan de la zona (y otras instalaciones turísticas) para sus famosos onsen de aguas termales, pero también pueden encontrarse otros fenómenos vulcanológicos interesantes, como el valle de Owakudani del que voy a hablaros hoy.

Owakudani es un valle formado por un cráter en el que se acumulan sustancias del interior de la tierra. Es una zona todavía activa, desde la que puede verse perfectamente en Fuji, y a la que se puede acceder por carretera y con el teleférico que une Sôzuzan y Tôgendai (incluido en el Hakone Free Pass de la compañía Odakyu). En realidad, la parada de Owakudani es en la que debes bajarte obligatoriamente para hacer el transbordo entre el teleférico que sube hasta este punto y el que baja.

La zona de la estación del teleférico está siempre muy concurrida, ya que se acumula la gente que viene con el teleférico y la de los numerosos autobuses de turistas (especialmente en días festivos) que descargan sus pasajeros durante unos minutos en una zona muy comercial, atestada de puestos de comida y de venta de recuerdos, cosa que hace que casi te pase desapercibido un pequeño templo dedicado a Ksitigarbha Bodhisattva, que es el buda al que se invoca para conseguir una larga vida y para dar a luz sin problemas.

Desde el extremo de esta “zona comercial” hay un camino bien marcado y poco exigente físicamente que te conduce por unos 300m hasta Funenchi en medio de fumarolas y ríos sulfurosos que discurren montaña abajo. Al llegar a Funenchi nos encontramos con otro puesto de “comida”, y es que aquí es dónde se cuecen los conocidos huevos negros o kurotamago (黒玉子), hechos en agua volcánica, de forma que absorben los sulfatos y los iones de hierro de esta, y consecuentemente su cáscara queda negra. Estos huevos negros, que se venden en paquetes de a cinco (curiosidad: parece que allí cuentan los huevos por decenas o fracción, no por docenas o fracciones como nosotros), según dicen, prolongan la vida, y la verdad es que parece que la gente se mate para conseguirlos. Cada paquete cuesta 500円 (actualmente 0.87€ por huevo), y la verdad es que pensaba que tendrían un sabor “especial” a causa del azufre del agua en que se cuecen, especialmente si hace caso de la gente que los está probando por la zona (las onomatopeyas y calificativos de “buenísimo” y términos similares eran generalizados), pero yo no les encontré ninguna diferencia de sabor respecto a los huevos duros normales y corrientes, de hecho incluso los encontré un poco más insípidos.

Es necesario advertir que es posible que el camino que os conduce entre fumarolas y ríos sulfurosos esté cerrado, ya que si los niveles llegan a un determinado valor que puede ser tóxico, cierran el acceso por seguridad. Aún así, en la entrada hay unas contundentes recomendaciones para que la gente con problemas respiratorios no entre, y para que los que no tengan problemas de salud recomiendan muy enfáticamente que no te quedes quieto en el mismo lugar durante demasiado tiempo, y que avances a un buen ritmo de marcha. Pero no por eso os quedaréis forzosamente sin huevos negros, ya que hay montado un sistema para transportar los huevos acabados de cocer (si dan abasto) hasta la entrada del camino, donde en una de las tiendas de de la “zona comercial” también los venden (tal vez no tan calientes, pero al menos no te quemas las manos al tratar de quitar la cáscara).

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