Kangojinja (漢国神社)

Una de las primeras cosas que hago al llegar a cualquier ciudad que visito como turista, especialmente si es la primera vez, es ir a la oficina de turismo a pedir mapas e informarme de qué es lo más interesante de la ciudad. Bueno, normalmente para confirmar lo que ya he buscado antes del viaje sobre ella. ¿Por qué lo hago si ya se lo que quiero ver? Pues por diversos motivos. En primer lugar, porque soy un coleccionista compulsivo de material turístico (siempre regreso con varios kilos de papel en folletos, prospectos, mapas, etc.), en segundo lugar por si mi visita coincide con algo especial (festival, celebración, aniversario, exposiciones temporales…), pero sobre todo porque me gusta ver la cara que suelen poner cuando les pregunto “¿qué más hay?”. Es evidente que no están demasiado acostumbrados a que la gente les pida información de cosas más allá de las que suelen promocionarse y que son las que puedes encontrar en cualquier guía de viajes.

Y el santuario que hoy os mencionaré es uno de estos ejemplos. En este caso no me lo mencionaron en la oficina de turismo, pero si que lo vi casi como una marca anecdótica en un plano de la ciudad. Kagojinja es un santuario muy pequeño, escondido entre las casas, pero muy cerca de la calle principal por la que pasa todo el mundo para ir a los templos más conocidos de Nara como Tôdaiji o Kasuga Taisha. Kagojinja está situado a 5’ caminando de la estación Nara de la compañía Kintetsu, y a 15’ de la estación Nara de JR, a un par de calles de la principal avenida comercial que conduce desde la estación JR hasta el parque de Nara y la zona de los templos.

Como nota curiosa, decir que el 19 de Abril, en este templo se celebra el Manju Festival para conmemorar la muerte de Lin Jingyin, la persona que elaboró el primer manju japonés (el manju es un tipo de wagashi o dulce tradicional japonés que suele tener una masa exterior a base de harina, polvo de arroz y alforfón, y estar relleno de azuki).

Supongo que os preguntaréis “¿Y que tiene que ver Kangojinja con todo lo que he dicho al principio?”. Pues que Kangojinja es uno de los ejemplos más claros de lo que debe hacerse, desde mi punto de vista, al visitar una ciudad: siempre que sea posible no debes ceñirte a los recorridos preestablecidos. Muchas veces pasando por un callejón que apenas si está marcado en el mapa, dando un pequeño rodeo para llegar a los sitios, o simplemente “perdiéndose un poco por la zona”, os permitirá no soplo captar el espíritu del lugar, sino que muchas veces también os permitirá descubrir pequeños rinconcitos muy agradables y tranquilos que tal vez no tengan una importancia histórica tan grande como los sitios situados en las rutas habituales, pero que pueden ser más bonitos o interesantes en otros aspectos que todos los “habituales” juntos.

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1 comment so far

  1. rubiela on

    soy colombiana y me encanto todo tu comentario sobre ese país, me en canta todo sobre la cultura, gastronomía, biodibercidad,me gustaría conocer algundia


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