Ryokan Hiraiwa (Kyôto)

Hace ya bastante tiempo, en los inicios del blog, os hablé de las diversas posibilidades de alojamiento en Japón. Personalmente creo que he dejado bastante claro que mi preferencia absoluta es el ryokan, pero incluso dentro de esta categoría hay demasiadas variantes y diferencias como para poder generalizar. Es por eso que con este artículo inicio una serie en la que os hablaré de los ryokan que conozco porque me he alojado en ellos y por tanto puedo hablaros con conocimiento de causa. Mi intención no es recomendar un ryokan sobre otro, simplemente exponer lo que yo considero ventajas y desventajas para que vosotros mismos decidáis si se ajusta o no a lo que estabais buscando.

Ryokan Hiraiwa

Para empezar esta serie, y ya que estamos moviéndose desde hace casi un año por Kyôto, os hablaré del Ryokan Hiraiwa. En este ryokan me he alojado en un par de ocasiones, aunque ya hace años de ello (2001 y 2006). Se trata de un edificio de madera de dos plantas, y tiene un anexo situado muy cerca, cruzando la calle. Es un sitio bastante asequible por el precio, y muy bien situado, aunque es fácil perderse por las calles y callejones próximos.

No puede decirse que esté situado cerca de la estación de Kyôto (que os garantizo que visitaréis muy a menudo), pero aún así se encuentra suficientemente cerca como para ir caminando. Situado en una zona residencial muy tranquila, tiene el ligero inconveniente de que no tiene demasiados sitios cercanos para poder comer o comparar, por lo que si estáis muy cansados por la noche, ir a cenar puede ser un poco fastidioso. Pero esto también es un punto positivo ya que la zona es muy tranquila, situada cerca del río, donde el ruido de la ciudad no os molestará en absoluto.

Ryokan Hiraiwa

Foto: Skaven. Interior habitación

Ryokan Hiraiwa

Foto: Skaven. Interior habitación

Ryokan Hiraiwa

Foto: Skaven. Interior habitación

Tienen habitaciones desde para una persona hasta para una familia de 5 miembros, pero sin baño ni lavabo en la habitación. No son habitaciones demasiado grandes, pero tienen el espacio muy bien aprovechado, como es habitual en este tipo de alojamientos. Suelo de tatami, futón y los complementos habituales como televisión, conexión a Internet (inalámbrica), yukata para dormir…

Los lavabos y las duchas son de uso común, al igual que el “Ofuro”, pero individualizado (el “Ofuro” puede cerrarse para bañarte tranquilamente en solitario, pero es suficientemente grande para poder hacerlo en familia, como es habitual entre los japoneses). Uno de los grandes inconvenientes es que el “Ofuro” solo está en el edificio principal, y por tanto, si tienes habitación en el anexo, has de atravesar la calle para disfrutar de tu baño japonés.

Otras instalaciones que tan solo están en uno de los edificios son el comedor para los desayunos (no incluidos en el precio y de tipo occidental), la lavadora y secadora (para que realmente seque la ropa debes ponerla más de una vez), y un ordenador de libre acceso por si no llevas tu propio aparato.

Ryokan Hiraiwa

Vista desde habitación ryokan

Ryokan Hiraiwa

Alrededores del ryokan

Ryokan Hiraiwa

Alrededores del ryokan

No se si habrá cambiado en este aspecto, pero una de las grandes ventajas era que no cerraban la puerta de entrada en toda la noche. Como no había alguien en recepción toda la noche, tenías que llevarte la llave si querías regresar tarde, pero al contrario que la mayor parte de establecimientos de este tipo, que suelen ser familiares, al menos no te encontrabas la puerta cerrada si regresabas tarde. A alguien esto tal vez le parezca que es un peligro para las cosa que dejas en la habitación, pero os he de recordar que estamos hablando de Japón, y además, al igual que mis compañeros, tengo el casi convencimiento de que la zona es territorio yakuza. Y no digo esto para asustaros, sino todo lo contrario. Cuando caminas por esas calles te sientes muy seguro, posiblemente gracias a ellos.

En el aspecto puramente anecdótico, me gusta recordar que la primera vez nos sorprendió mucho que la única persona que sabía inglés fuera la abuela, una mujer muy dinámica y con una energía que no se correspondía con la edad que debía tener. Cuando regresamos, cinco años más tarde, ya había más gente que sabía inglés y la habían relevado de la ardua tarea de llevar el establecimiento… pero aún así no podía estarse quieta, tratando de hacer cosas. Supongo que actualmente ya no será así, pero verla tan animosa de buena mañana os aseguro que te daba energías suficientes para las visitas de todo el día.

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