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Kotohira Takadōrō

Cuando visitas un lugar, especialmente si es un lugar que destaca exclusivamente por un monumento, sitio emblemático o evento, es muy probable que, como un insecto atraído hacia la luz, ni tan solo nos fijemos en todos los demás elementos que, al no tener el renombre del principal atractivo, ni tan solo los vemos, aunque los tengamos delante de las narices.

En Japón hay numerosos sitios realmente emblemáticos por un elemento específico, como sucede con Matsumoto y su castillo, o Hiroshima y el Parque de la Paz. En la isla de Shikoku hay un lugar que cumple sobradamente esta condición: Kotohira. El pueblo de Kotohira es conocido casi exclusivamente por Kompirasan, la montaña en la que se levanta el templo Kotohira-gû, principal punto de interés y en el que se centra la inmensa mayoría de la información que encontraréis sobre esta población. Pero en el pueblo hay otros elementos de interés, como el Museo del Sake del que ya os he hablado anteriormente, y una torre que se levanta justo al lado de la estación Kotoden (los ferrocarriles privados) y junto al camino que debe seguirse desde la estación JR si te diriges (son prisas) hacia Kompirasan.

Esta torre de madera con una base de piedra tiene una altura de 27 metros y se construyó en 1865 para utilizarse como señal luminosa en tiempos difíciles. Como podéis ver en la foto, es un elemento realmente impresionante, que seguro diríais es imposible que os pase desapercibido, pero que gente que ha visitado el pueblo ni tan solo sería capaz de ubicar (creo que hay un término científico para explicar esta especie de “ceguera” cuando te concentras en una cosa, de forma que todo lo que te rodea parece que “desaparece”).

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Ciervos Sagrados

Las leyendas y tradiciones japonesas son muy variadas, y a pesar que muchas han perdido su anterior significado, todavía se siguen manteniendo de una u otra forma. Este es el caso de los ciervos, antiguamente considerados sagrados por su relación con los dioses, y actualmente conservados igualmente y protegidos como patrimonio natural. Si hablamos de ciervos sagrados paseándose entre los turistas como si eso fuera lo más natural del mundo, seguramente lo primero que os vendrá a la mente serán los ciervos de Nara, pero también los podemos encontrar en otro lugar de gran significación religiosa, la isla de Miyajima, aunque en este último caso las autoridades avisan que debemos tener mucho cuidado con ellos.

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Los ciervos de Nara

Nara, una de las primeras capitales del país, siempre ha tenido una estrecha relación con la religión, y ya desde muy antiguo se consideraba a los ciervos animales sagrados pues según la leyenda, Takemikazuchi-no-mikoto, uno de los cuatro dioses de Kasuga Taisha, apareció montado en un ciervo blanco sobre el monte Mikasa-yama. Desde ese momento se consideró que los ciervos eran sagrados, y matar uno estuvo castigado con la pena de muerte hasta 1637, cuando se produjo la última violación de esta ley de la que se tiene constancia. Después de la II Guerra Mundial, oficialmente perdieron su estatus divino, pero siguieron protegidos como tesoros nacionales.

Actualmente su número puede llegar a ser un problema, y de hecho tienen unos privilegios que pocas veces son compatibles con la vida moderna. Habitualmente pastan por el Parque de Nara en total libertad, mezclándose sin ningún problema con los turistas, a pesar de que a veces ver alguno que cojea, seguramente como resultado del choque con algún coche, pues hay una calle principal que atraviesa el parque (hay señales de peligro por animales libres, pero aún así seguro que causan accidentes). También tienen zonas un poco más retiradas donde son alimentados si hace falta, pero se han acostumbrado totalmente a las “galletas para ciervos” (鹿煎餅 – Shika-senbei) que se venden en los puestecillos de la zona, para que los turistas se las den (tienen una formulación especial que les va bien a los ciervos).

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De hecho, hay grupos numerosos de ciervos que no se alejan de estos puestos, esperando ansiosos que alguien compre las galletas para, literalmente, perseguirlo para que se las de. Y cuando el comprador es un nuño, lo más habitual es que este se asuste al ver como un puñado de ciervos, muchas veces más grandes que él, se le acercan de golpe, tratando de morder U/las galletas), hasta que el crío acaba tirándolas al suelo para poder huir. Pero no solo los nuños están en “peligro” ya que también “acosan” a los adultos, mordisqueando lo que pueden si notan que hay galletas al otro lado (y tienen unos dientes muy duros, capaces de hacerse notar incluso a través de la dura tela de los tejanos). Supongo que deben considerar que es un precio justo por todo lo que se han de dejar tocar y manosear por la gente.

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Los ciervos de Miyajima

En la isla sagrada de Miyajima también hay ciervos en libertad que bajan al pueblo y se pasean entre los visitantes de los templos y las demás atracciones de la isla, pero en este caso se trata de ciervos salvajes, como no se cansan de avisar las autoridades en las guías y con todo tipo de carteles. No es que parezca que sirvan de mucho las advertencias, pues al gente los trata muchas veces como a los de Nara, a pesar de no tener galletas shika-senbei para darles. Aquí es preciso ir con más cuidado con ellos, pues aunque son un poco asustadizos, muchas veces mordisquean las bolsas que llevas si huelen que puede haber comida.

Que son más peligrosos da fe una zona cerrada especial que hay en el cuartel de policía para encerrar a los que parecen más agresivos o los que causan algún problema, antes de trasladarlos a la parte más alejada de la isla para que no causen más problemas. Eso si, a pesar de los grandes carteles de “ciervos peligrosos”, como tan solo están separados de la calle por una reja metálica, he visto gente tratando de tocarlos a través de los agujeros de la valla.

Los ciervos (Shika – 鹿)

El tipo de ciervo que podemos encontrar en Japón es el Cervus Nippon, una especie que puede encontrarse en buena parte de Asia Oriental, aunque fuera de Japón ha desaparecido de muchas zonas. Este ciervo es uno de los pocos que no pierde sus manchas al llegar a la madurez, aunque su distribución puede variar mucho según la región (en las zonas insulares como Japón y Taiwán, estas apenas pueden distinguirse). El color de su pelaje puede variar del caoba al negro, aunque los ejemplares blancos n o son raros. Durante el invierno el pelaje se oscurece, y las motas se hacen menos prominentes, mientras que a los machos se les forma una pequeña crin en la parte posterior del cuello. Son de tamaño medio, con un gran dimorfismo sexual en el que los machos pueden pesar entre 40 y 70 kg, mientas que las hembras no pasan de los 30-40 kg. Por lo que respecta a la altura, hasta la cerviz pueden medir 50-110 cm (los machos mucho más que las hembras). I acerca de los cuernos, las hembras apenas presentan un par de pequeñas protuberancias, mientras que los machos pueden llegar a presentar unas magníficas cornamentas de 20-45 cm, y en el caso de algunas subespecies, de hasta 80 cm.

Ryokan Ichifuji

ichifuji03Foto de los propietarios a la entrada del ryokan encontrada en internet

Cuando viajo a Japón siempre que es posible trato de alojarme en un ryokan, no tanto para imbuirme mejor del espíritu tradicional del país (que también) si no por que en mi casa duermo sobre tatami en un futón, y por tanto es como estoy acostumbrado a dormir (de hecho dormir en una cama occidental es lo que me cuesta). Pero esto no es tan sencillo como puede parecer, especialmente en las ciudades grandes, donde la mayoría de alojamientos son hoteles modernos, o si son mixtos (habitaciones de estilo japonés y de estilo occidental), generalmente las de tipo japonés son las más grandes (y caras), y por tanto viajando solo no tienes acceso a ellas.

Nagoya es una de estas ciudades en que es difícil encontrar un ryokan adecuado, especialmente si tan solo utilizas la ciudad como punto de partida desde la que visitar todo lo que hay alrededor y no tanto para visitar la ciudad, ya que en estos casos buscas un sitio que esté lo más cerca posible de la estación de tren. A pesar de ello, la segunda vez que fui a Nagoya, como tenía la intención de tomarme las cosas con mucha calma, me decidí por un ryokan que, si bien estaba lejos de la estación de tren, estaba muy bien comunicado con esta. El lugar elegido fue el Pequeño Ryokan Ichifuji, al Norte de la ciudad y lejos de los sitios emblemáticos, pero con una comunicación directa con la estación de Nagoya con JR (como tenía el JR-Pass el coste del transporte no era un factor). Es cierto que tenía que dar una gran vuelta con el tren para llegar, pero pensé que valía la pena.

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Este ryokan está en una zona muy tranquila, e incluso está apartado de ella ya que se encuentra en una calleja. Por tanto, tranquilidad asegurada. La zona no tenía demasiadas posibilidades en cuanto a restaurantes (era preciso venir cenado si querías comer fuera), pero muchas opciones en cuanto a supermercados y konbinis, por si querías comprar alguna cosa para comer en la habitación, que es lo que solía hacer por las noches, así que no podía quejarme.

La habitación resultó ser de lo más normal por lo que respecta a estos establecimientos; el lavabo i el water eran compartidos y nada especiales (los he visto mucho mejores en otros ryokans), pero no tuve ningún motivo de queja. Lo mejor era sin lugar a dudas el baño (ofuro), muy espacioso, cuando fui no hacia mucho que lo habían reformado, y aunque era compartido (como es habitual), podías utilizarlo tú solo, y como no tienen demasiadas habitaciones, no era demasiado probable que te lo encontraras ocupado. Si tuviera que encontrarle alguna pega, únicamente podría quejarme de que estaba en el otro extremo del ryokan, que era muy largo y estrecho.

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En el precio de la habitación estaba incluido el desayuno, y al principio me alegré ya que teniendo en cuanta las jornadas turísticas que hacía, un desayuno fuerte por la mañana era muy recomendable. Lamentablemente, resultó ser un desayuno tipo occidental, aunque afortunadamente más del estilo americano que el continental que se sirve en España, y además tenía poca variedad de un día a otro (nota: repasando algunas informaciones justo antes de escribir esto, parece ser que desde que me hospedé en él, han hecho más reformas y cambios, y ahora también sirven desayunos japoneses, o al menos han puesto la foto como si así fuera).

Lo peor de todo en mi opinión fue el servicio. No puedo decir que este fuera malo, pero lo que si puedo afirmar es que no era bueno. No se si m i estancia coincidió con un momento malo por alguna causa, o tal vez era debido a que casi no había ningún cliente (contando los momentos de los desayunos, creo que tan solo me crucé con tres o cuatro huéspedes más) y estaban demasiado relajados, pero en conjunto es como si no hubiera nadie al cargo. Cuando llegué el primer día habría podido mirar por todas partes sin encontrar nadie, me costó mucho que alguien saliera a recepción, y al final lo conseguí por que otro huésped casi los fue a buscar a la parte privada en que vivían. Los desayunos, a pesar de tener un horario marcado, siempre acababan haciéndolos mucho más tarde por que no aparecían a la hora (como estaba lejos de la estación, quería aprovechar el tiempo, y finalmente me fue imposible). La llave de la habitación la llevaba siempre conmigo, y suerte de esto, porque si no al regresar me habría sido casi imposible entrar en mi habitación. No estoy demasiado seguro de si algún día arreglaron la habitación (a veces no tan solo recogían el futón), y el último día pude hacer el check-out a tiempo por que los pillé en el momento en que hacían los desayunos, que si no probablemente habría perdido el tren.

En resumen, a pesar que como sitio no estaba mal, cuando salí de allí me prometí que si volvía a Nagoya, no volvería nunca más a ese ryokan. Ahora que parece que han cambiado algunas cosas (incluso diría que es posible que hayan cambiado de propietarios), tal vez le daría una segunda oportunidad, pero me lo tendría que pensar muy bien, y si encontrara alguna otra posibilidad, seguro que la tendría muy en cuenta antes de volver al Ichifuji.

Información importante:

  • Lugar: Ryokan Ichifuji (Nagoya – Pref.Aichi).
  • Cómo llegar: a 5’ caminande de la estación de metro Heiandori de la línea Maijou; a 10’ caminando de la estación Oozone de los ferrocarriles JR (línea Chuo).

El Gran Terremoto de Kobe

Ahora que se acaba de conmemorar el tercer aniversario del terremoto que provocó el tsunami de Tōhoku, tal vez sería bueno recordar que, en tiempos modernos, Japón ha sufrido otros dos grandes terremotos, el Gran Terremoto de Kantō de 1923, y el Gran Terremoto de Hanshin de 1995. Este último, también conocido como Gran Terremoto de Kobe por ser esta la ciudad que resultó más afectada, tuvo lugar exactamente el 17 de enero de 1995 a las 05:46:46 am y duró unos veinte segundos, tiempo más que suficiente para causar más de 6.000 muertos y unos daños materiales de los que Japón tardó bastante en recuperarse.

Este terremoto fue el que empujó a los japoneses a cambiar totalmente sus planes de prevención de terremotos y que les ha conducido a ser actualmente punteros en este campo. Los sistemas de construcción, por ejemplo, son los que permitieron que en el último terremoto de Tōhoku los edificios más altos de Tōkyō, a pesar de moverse considerablemente, no sufriesen daños.

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Actualmente en Kobe no queda ni rastro de los efectos del terremoto, excepto una pequeña zona del puerto que se ha conservado tal como quedó como recordatorio de lo que sucedió, junto a la cual se ha erigido un memorial con imágenes y explicaciones de lo que sucedió.

Información importante:

  • Lugar: Memorial del Terremoto del Puerto de Kobe – Parque Meriken (Kobe – Pref.Hyōgo).
  • Coste: gratuito
  • Cómo llegar: si viajas con el autobús turístico, el City Loop, debes bajar en la parada 17 (Parque Meriken) y andar unos 5’.

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Ueno Tōshō-gū Jinja (上野東照宮神社)

De santuarios sintoístas llamados Tōshōgū hay muchos. De hecho, durante el periodo Edo llegó a haber unos quinientos, pues es el nombre que reciben todos los templos dedicados a Tokugawa Ieyasu, el primer shogun que logró la unificación total del país. Durante la Era Meiji muchos fueron abandonados o absorbidos por otros templos cercanos pero actualmente todavía quedan unos 130. El más conocido de todos probablemente sea el que sus descendientes hicieron construir en Nikko, pero el que hay en el Parque Ueno también tiene mucha relevancia.

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Tokugawa Ieyasu murió el 17 de Abril de 1616 en el castillo Sunpu, y al principio fue enterrado en Kunosan, pero posteriormente su alma fue transferida a Nikko, y de allí al Palacio Imperial. Por conveniencia de los daimio, finalmente fue enterrado en este templo de Ueno el 17 de Abril de 1651. Desde ese momento el templo ha sido reconstruido unas dieciséis veces, y es de remarcar que ha sobrevivido a numerosos cataclismos que han afectado los alrededores, pero de los que milagrosamente ha salido casi indemne. Ha sobrevivido a incendios, terremotos, la guerra de Ueno en 1868, e incluso a los bombardeos de la II Guerra Mundial.

El templo original se dice que fue construido en 1627 por Todo Takatora, daimio de Iga e Ise. En 1651 el nieto de Tokugawa Ieyasu, Tokugawa Iemitsu, lo convirtió en un templo dedicado a su abuelo, con magníficos adornos de bruillante rojo, azul, verde y oro, y la avenida para acercarse a él estaba flanqueada por 200 gigantescas linternas de piedra y 50 linternas de cobre donadas por los daimio de todo Japón. También es de esta época la puerta de estilo chino Karamon, que en ambas hojas tiene grabados motivos floreales y pájaros, así como numerosas zonas cubiertas de láminas de oro. La puerta está flanqueada por dos leones que, según la leyenda, cuando oscurece bajan hasta el estanque Shinobazu para beber. Los pilares de la puerta que hay a ambos lados de ella tienen grabados dos dragones conocidos como Noboriryu i Kudariryu (que significa dragón ascendente y dragón descendente), que se dice que son obra de Hidari Jingoro, un famoso escultor de la era Edo. Al igual que los leones, estos dragones tienen numerosas leyendas asociadas.

A la derecha del templo, en 1639 se erigió una pagoda de cinco pisos totalmente cubierto de lacados. Actual ente esta pagoda está situada dentro de los terrenos del zoo de Ueno.

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El edificio principal contiene murales del famoso artista Kano Tan-yu, los techos están lacados y guarda una armadura que llevó Tokugawa Ieyasu. El edificio está rodeado de corredores por tres de sus lados, y todos los pilares y las puertas están cubiertos de láminas de oro. El templo está rodeado por el Sukashi-bei, un muro de 170m de largo construido en 1651. Se trata de un muro con un tramado a través del cual puede verse el interior y que está cubierto de grabados de flores, pájaros, peces, etc., y que en su día estaba cubierto de láminas de oro.

Ueno Tōshōgū fue declarado santuario municipal de Tōkyō en 1873, y en 1907 Haiden, Karamon y Mizu-gaki fueron declarados Tesoros Nacionales.

Hay que destacar especialmente sus jardines, donde las peonías son las reinas, y que se puedes visitar entre enero y mediados de febrero, y entre mediados de abril y principios de mayo, por un precio adicional de 600円.

Yo pude visitar el templo en 2001 y no me llamó especialmente la atención pues parecía un templo viejo y olvidado, pero poco después fue sometido a un largo proceso de restauración que no acabó hasta 2013, motivo por el que no he podido ver cómo ha quedado. Supongo que ahora si que realmente valdrá la pena visitarlo, sobre todo en la época en que los jardines están en su máximo esplendor.

Entrada del templo en 2001, antes de la restauración

Entrada del templo en 2001, antes de la restauración.

Entrada del templo en 2010, durante la restauración.

Entrada del templo en 2010, durante la restauración.

Información importante:

  • Lugar: Ueno Tōshōgū Jinja (Taitoku – Tōkyō).
  • Coste: 200 円 (jardines 600円)
  • Cómo llegar: este templo está situado dentro del Parque Ueno, al que se puede llegar bajando en la estación Ueno de las líneas JR Yamanote, Ginza o Hibiya. Según de donde vengáis, otra posibilidad es bajar en la estación Ueno de la línea Keisei.
  • Álbum de fotos: Parc Ueno

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Así estaba el templo en 2001, antes de la restauración

Así estaba el templo en 2001, antes de la restauración.

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