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Matsumoto en un día

Aunque Matsumoto es un sitio que me llamó la atención desde el primer instante y quería visitarlo, la verdad es que está bastante alejado de la ruta Tōkaidō (東海道), que es la más lógica de seguir en las primeras (y generalmente más cortas) visitas al país del sol naciente. Es por eso que, hasta que no realicé un viaje con más tiempo y la decidida intención de no ceñirme a las rutas más habituales no me planteé realmente visitar la ciudad.

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Matsumoto está situado en los denominados Alpes Japoneses, en una zona a la que se puede acceder de diversas formas, aunque en todas ellas es preciso invertir mucho tiempo de viaje. Podemos llegar en autobús desde la zona de Hida (unas 2h de viaje), o en tren desde Nagoya (unos 180km y aproximadamente 2h de viaje) o Tōkyō (casi 300km y alrededor de 3h de viaje). Finalmente, aunque era la ruta más larga, decidí ir desde Tōkyō, ya que así pensaba aprovechar el viaje para visitar Nagano, por donde tenía que pasar obligatoriamente. A posteriori tal vez no fue tan buena idea.

Matsumoto tiene diversos puntos de interés, como ya os he ido explicando en artículos anteriores, en este mismo blog, pero todos ellos están bastante agrupados y no demasiado lejos de la estación de tren de JR, por lo que los desplazamientos por la ciudad no van a ser ningún problema. Las visitas es otro tema completamente distinto. El castillo da para mucho y si el día acompaña y es la época adecuada (yo fui en primavera y el día fue magnífico), probablemente el tiempo se os pasará volando mientras le dais mil y una vueltas buscando el mejor ángulo o un detalle que os llamé especialmente la atención. Por otra parte, el castillo y el parque que lo rodea es el centro de numerosas actividades, relacionadas o no con él, y si sabéis escoger el día es probable que quedéis atrapados por algún evento especial, y vuestra visita condicionada por sus horarios.

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Además, después de visitarlo todo, me quedé con las ganas de volver a otras horas a ver el castillo o la Calle de las Ranas. Pero tenía un billete de regreso para después de comer con la intención, como ya he dicho, de visitar Nagano. De esta visita ya os hablaré en otra ocasión, pero de momento cabe decir que finalmente no me permitió ver con calma el único elemento interesante de la capital de la prefectura por que ya era demasiado tarde.

En resumen, creo que Matsumoto puede visitarse perfectamente en menos de un día, incluso si debéis invertir muchas horas en el viaje (no seáis gandules y madrugad para aprovechar mejor el día), pero también podéis dedicarle un día entero, que no os aburriréis y seguro que no os quedará clavada la espina de “si hubiera tenido más tiempo…”. Pensar en hacer noche en Matsumoto para poder visitarla más a fondo tal vez ya sea un poco exagerado, a no ser que os interese algún evento especial que dure más de un día, o con unos horarios que no os dejen otra opción, o que utilicéis la población como base para visitar otros puntos de la zona.

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Artículos sobre Matsumoto:

En el siguiente mapa encontraréis indicados todos los lugares mencionados en los artículos anteriores, así como una ruta sugerida para poder visitarlos todos de la forma más práctica e interesante.

Información importante:

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Paseando por Matsumoto

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Este pasado fin de semana un amigo me estaba preguntando sobre diversos lugares de Japón que quiere visitar este verano para tener una idea más precisa sobre el tiempo que debe calcular para visitarlos y, al margen de la gran envidia que me dio por que yo no puedo ir, hizo que pensara en hasta que punto cuando visitamos un lugar nos concentramos en visitar lo que sale en las guías del lugar y, como si tuviéramos ceguera espacial, nos olvidamos de todo lo demás. De hecho este es un mal que aqueja incluso a los empleados de las propias oficinas de turismo que, cuando de forma específica les preguntas por sitios menos conocidos, a veces no saben que contestarte. Esto combinado con lo que os he ido contando en las últimas entradas sobre Mimizuka (un lugar que, si hubiera hecho como la mayoría de turistas no habría descubierto) y la escuela Kaichi de Matsumoto, me hizo recordar la visita que realicé a esta última ciudad.

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Una de las cosas que me gusta hacer cuando visito un lugar es ir a s pie a los sitios siempre que sea posible. Así puedo ver un poco más la población propiamente dicha, y no me cuesta nada desviarme un poco para ver estos elementos que tal vez no sean más que curiosidades, pero entre los que puedes descubrir elementos interesantes o, pensando como el aficionado a la fotografía que soy, perfectos para hacer algunas fotos.

Matsumoto fue un ejemplo de esta forma de proceder. Un día radiante de primavera, una supuesta ruta muy directa pero suficientemente corta como para ni plantearme no hacerla a pie y que, después de una rápida consulta al mapa que acababa de coger de la oficina de turismo de la estación, me llevó a hacer un recorrido zigzagueante que no me requirió demasiado tiempo adicional, y que me permitió ver algunos rincones, calles y edificios que inicialmente no estaban incluidos en mi ruta trazada desde miles de kilómetros de distancia haciendo caso únicamente de las guías turísticas. Junto a estas líneas podéis ver algunas de las fotos de estos lugares, y en el álbum de Flicker de la ciudad podréis ver algunas más, pero la verdad es que el recuerdo que conservo en mi cabeza es mucho más completo y satisfactorio.

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Un curioso reloj como es el Karakuri situado a la entrada de un centro comercial, o una roca llamada ushi-tsunagi-ishi, que se supone es la piedra que marca la localización de un antiguo mercado de sal (de la que Matsumoto era deficitaria en tiempos de Takeda Shingen), y que según una dudosa leyenda es a la que ataban los bueyes que transportaban la sal a Matsumoto. Tan solo son dos de los ejemplos que encontré siguiendo este camino, pero también hay simples casas particulares con fachadas curiosas, o la posibilidad de “respirar” el ambiente, cosas intangibles que no quedan reflejadas en una foto o vídeo, pero si indeleblemente grabadas como recuerdo y que recomiendo a todo el mundo que practique, especialmente en viajes que posiblemente no se repetirán nunca más. Si, ya se que en estos casos se suele ir a lo práctico, pero la experiencia me ha demostrado que es más satisfactorio hacerlo así que practicar una maratón monumental.

Información importante:

Escuela Kaichi

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La ciudad de Matsumoto es conocida básicamente por su castillo, el castillo del cuervo, pero a poca distancia de este está situada la escuela Kaichi (旧開智学校 kyūkaichi-gakkō), que es la primera escuela moderna construida en Japón, y un Importante Bien Cultural.

La escuela se fundó en 1873, tan solo un año después de la primera gran reforma educativa introducida por el gobierno Meiji, aunque el edificio actual no se inauguró hasta 1876. Se trata de un edificio de tipo occidental pero con una magnífica fusión de elementos japoneses que, en 1961 fue declarado Importante Bien Cultural, y en 1965 se convirtió en museo. Como escuela hizo su función durante muchos años (tengo un amigo algo más joven que yo cuyo abuelo estudió en este edificio), y de hecho la nueva escuela está situada justo delante de ella.

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Parte de la importancia de la escuela viene del hecho que fue la propia comunidad la que hizo posible su existencia, pues el 70% de los costes de su construcción lo sufragaron los propios habitantes, mayoritariamente campesinos, cosa que obligó a mantener los costes al mínimo, y por tanto se utilizaron materiales que nunca pensaríais que era posible utilizar para un edificio así (tal vez por eso hay una combinación tan excepcional de elementos occidentales y japoneses).

Información importante:

  • Lugar: Escuela Kaichi (Matsumoto – Pref.Nagano)
  • Coste: 500円
  • Cómo llegar: unos 25’ caminando desde la estación Matsumoto de la línea Shinonoi de JR. A poco más de 5’ caminando desde el castillo de Matsumoto.

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Mimizuka (耳塚)

Caminando por una calle del margen derecho del río Kamo, iniciando una visita a la zona de los templos del la zona Sur de las Higashiyama me encontré, junto a un parque infantil, un montículo rodeado por una pequeña verja y coronado por una stupa de piedra que no aparecía en ninguna guía. Le hice un par de fotos y seguí camino hacia Sanjusangendo, la primera parada prevista de mi ruta de ese día.

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Mas tarde traté de averiguar qué era y por qué estaba allí, pero la verdad es que me costó bastante encontrar información sobre este monumento, que resulto ser un mimizuka, (literalmente traducido como “Tumba de orejas”), un sitio en el que Toyotomi Hideyoshi hizo enterrar las orejas y narices que las tropas japoneses cortaban a sus víctimas durante la invasión de Corea entre 1592 y 1598, y que terminó con la retirada japonesa ante la feroz resistencia de los coreanos. En Japón era costumbre que durante una batalla los samuráis cortasen la cabeza de los enemigos que mataban, para posteriormente, en una ceremonia realmente solemne, los generales pudieran apreciar sus gestas y recompensar-los adecuadamente, especialmente si habían acabado con algún conocido oficial del enemigo. En Corea, por motivos prácticos, esta costumbre se adaptó y lo que cortaban eran las orejas y las narices de los muertos.

Se dice que en este lugar se enterraron entre 38.000 y 40.000 narices y orejas, y que estas son tan solo las que llegaron en buenas condiciones desde Corea por que habían sido conservadas en salmuera. No creo que realmente nadie haya tratado realmente de saber cuántas hay realmente, y los recuentos oficiales de la época probablemente estaban inflados para disimular la derrota, pero en cualquier caso, fue una gran ofrenda a Buda aquí, precisamente junto al santuario Toyokuni, que es el que hay en Kyôto dedicado a Toyotomi Hideyoshi. Fue consagrado el 28 de septiembre de 1597 dentro de los terrenos del templo Hokoji, y se le asignó un monje para que rezara por las almas de los miles de coreanos muertos en la guerra.

Su nombre original era hanazuka (literalmente “montículo de narices”) , pero posteriormente se utilizó un término menos cruel, que es el que nos ha llegado hasta nuestros días.

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