Paseando por Matsumoto

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Este pasado fin de semana un amigo me estaba preguntando sobre diversos lugares de Japón que quiere visitar este verano para tener una idea más precisa sobre el tiempo que debe calcular para visitarlos y, al margen de la gran envidia que me dio por que yo no puedo ir, hizo que pensara en hasta que punto cuando visitamos un lugar nos concentramos en visitar lo que sale en las guías del lugar y, como si tuviéramos ceguera espacial, nos olvidamos de todo lo demás. De hecho este es un mal que aqueja incluso a los empleados de las propias oficinas de turismo que, cuando de forma específica les preguntas por sitios menos conocidos, a veces no saben que contestarte. Esto combinado con lo que os he ido contando en las últimas entradas sobre Mimizuka (un lugar que, si hubiera hecho como la mayoría de turistas no habría descubierto) y la escuela Kaichi de Matsumoto, me hizo recordar la visita que realicé a esta última ciudad.

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Una de las cosas que me gusta hacer cuando visito un lugar es ir a s pie a los sitios siempre que sea posible. Así puedo ver un poco más la población propiamente dicha, y no me cuesta nada desviarme un poco para ver estos elementos que tal vez no sean más que curiosidades, pero entre los que puedes descubrir elementos interesantes o, pensando como el aficionado a la fotografía que soy, perfectos para hacer algunas fotos.

Matsumoto fue un ejemplo de esta forma de proceder. Un día radiante de primavera, una supuesta ruta muy directa pero suficientemente corta como para ni plantearme no hacerla a pie y que, después de una rápida consulta al mapa que acababa de coger de la oficina de turismo de la estación, me llevó a hacer un recorrido zigzagueante que no me requirió demasiado tiempo adicional, y que me permitió ver algunos rincones, calles y edificios que inicialmente no estaban incluidos en mi ruta trazada desde miles de kilómetros de distancia haciendo caso únicamente de las guías turísticas. Junto a estas líneas podéis ver algunas de las fotos de estos lugares, y en el álbum de Flicker de la ciudad podréis ver algunas más, pero la verdad es que el recuerdo que conservo en mi cabeza es mucho más completo y satisfactorio.

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Un curioso reloj como es el Karakuri situado a la entrada de un centro comercial, o una roca llamada ushi-tsunagi-ishi, que se supone es la piedra que marca la localización de un antiguo mercado de sal (de la que Matsumoto era deficitaria en tiempos de Takeda Shingen), y que según una dudosa leyenda es a la que ataban los bueyes que transportaban la sal a Matsumoto. Tan solo son dos de los ejemplos que encontré siguiendo este camino, pero también hay simples casas particulares con fachadas curiosas, o la posibilidad de “respirar” el ambiente, cosas intangibles que no quedan reflejadas en una foto o vídeo, pero si indeleblemente grabadas como recuerdo y que recomiendo a todo el mundo que practique, especialmente en viajes que posiblemente no se repetirán nunca más. Si, ya se que en estos casos se suele ir a lo práctico, pero la experiencia me ha demostrado que es más satisfactorio hacerlo así que practicar una maratón monumental.

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2 comments so far

  1. Manuel on

    Bonito sitio. Para mí, el castillo de Matsumoto es más bonito que el de Osaka, porque todavía por dentro no es un museo en sí. Tenéis fotos con las típicas ranas samurais?… Como megustaría ir otra vez.


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