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XX Aniversario del Museo del Ramen

Hoy he leído que el Museo del Ramen de Yokohama, del que ya os hablé en otra ocasión, cumple 20 Años. A este veterano centro de propagación de la cultura del ramen le han seguido otras iniciativas similares, como el Raumen Stadium de Hakata, o en la propia Yokohama del Museo Nissin, dedicado en exclusiva a los productos de esta marca, una de los principales productores de ramen instantáneo.

Como ya dije en su día, el Museo del Ramen tiene dos partes, una que nos explica la historia del ramen en la que también podemos conseguir todo lo necesario para hacer un perfecto ramen, desde los utensilios hasta los ingredientes, y una segunda en la que, dentro de un ambiente muy especial, podemos degustar las especialidades en ramen propias de diversas partes del país.

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Pero, a pesar que no seamos conscientes de ello, la contribución más grande que debe haber hecho el museo del ramen en estos veinte años es que desde que he empezado a escribir este artículo no ha hecho falta que diga ni una sola vez qué es el ramen. Por que todos sabéis qué es el ramen, ¿no? Y supongo que ya nadie piensa en él como un simple recurso adecuado para solteros sin ninguna habilidad en la cocina, ni como forma barata de llenar el estómago para la gente con pocos recursos. Porque este era el concepto que se tenía del ramen en los años 90 en casi todo el mundo, e incluso en el propio Japón. Fue con sitios como este, en el que se mostraba la verdadera riqueza de sabores y matices según el tipo de ramen, que la mentalidad de la gente empezó a cambiar. Desde el tonkotsu ramen, hecho con caldo de cerdo, a los cálidos cuencos lleno de un caldo a base de miso propios de la zona de Hokkaido, todo el mundo empezó a descubrir los motivos por los que actualmente es un plato tan internacionalmente conocido y deseado como el propio sushi.

El museo abrió sus puertas en 1994 con la misión, dicho en las propias palabras de su presidente Masahiro Nakano, “de propagar el ramen por el mundo”. Hoy, veinte años después, el museo ha recibido más de veinte millones de visitantes y ha sido testigo del resurgimiento de este plato como sensación culinaria mundial. De hecho, incluso los propios responsables del museo se han sorprendido por el éxito, que posiblemente ha sido tan grande en buena parte gracias a los visitantes de otros países. No en vano, solo el año pasado lo visitaron más de 150.000 extranjeros.

Para la popularización del ramen sin duda su contribución ha sido fundamental, pero no habría sido posible sin la intervención de otros factores, como la locura por recuperar los platos locales, o el establecimiento de diversas cadenas de restaurantes de ramen, que alejaron la imagen de sitios poco recomendables en que se servía anteriormente. Y con esto también llegó la calidad, uno de los elementos que desde siempre ha caracterizado el museo.

En estos momentos, en el museo pueden degustarse los ramen de restaurantes como Komurasaki, de la Prefectura de Kumamoto, que representa el estilo propio del Sur de Kyūshū, con el caldo de cerdo del tonkotsu ramen; Ryu Shanghai de la Prefectura de Yamagata, con unos fideos muy gruesos y una base de miso picante; o los tsukemen (fideos que se mojan en una salsa) del restaurante Ganja de la Prefectura de Saitama. Y como auto proclamado custodio de la historia del ramen, incluso han recreado las cocinas de Kamome Shokudo, un conocido puesto para comer ramen de Kesennuma, en la Prefectura de Miyagi, que fue destruido por el tsunami del 11Marzo.

Algunos de vosotros supongo que ya habréis visitado el museo, pero os recomiendo que, como me gustaría hacer a mí, sui podéis repitáis la visita, ya que los restaurantes se van renovando. De hecho, solo el 20% de los locales llevan al menos 10 años, y solo el 3% más de 20. De hecho, hace poco que disponen incluso de un restaurante europeo, Muku, de la localidad alemana de Frankfurt, propiedad de un japonés que vive en ese país y que utiliza la misma harina que se utiliza para hacer los durum, y una mezcla de especias propia de Alemania conocida como sieben.

El Mar Interior de Seto (瀬戸内海)

Entre las islas de Honshū, Shikoku y Kyūshū hay una gran superficie marina denominada Mar Interior de Seto. Es un mar plagado de islas de tamaños muy diversos. Algunas son muy conocidas y bien valen una visita (como Miyajima, Naoshima o Shodoshima), pero es el propio conjunto visual del Mar Interior de Seto el que realmente vale la pena ver. Y para hacerlo hay diversos sitios especialmente interesantes para tener vistas panorámicas de diversas partes de este mar y sus islas (si el tiempo acompaña, evidentemente).

Oficialmente el Mar Interior de Seto está delimitado por: el Oeste por el límite Sudeste del Mar del Japón; al Este por una línea que va desde Takura Saki (34°16’N), en Honshū, hasta Oishi Hana, en la isla de Awaji, y a través de esta isla hasta Sio Saki (34°11’N) y hasta Oiso Saki, en Shikoku; al Sur por una línea que une Sada Misaki (33°20’N), en Shikoku, con Kyūshū; y al Norte está delimitado por la isla de Honshū.

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Las dos islas principales que delimitan este mar están unidas por tres grandes puentes, verdaderos milagros de la ingeniería. La autopista Kobe-Awaji-Naruto une Hyōgo con Tokushima (en Shikoku), pero una buena parte del recorrido atraviesa la isla de Awaji, y al cruzar el mar seguramente estaremos más pendientes de los remolinos que se forman allí donde las aguas del mar interior entran en contacto con el Océano Pacífico. El Gran Puente de Seto (en realidad una serie de siete puentes y viaductos) que une Okayama con Kagawa es perfecto si vas con el tren (el Marine Liner de JR), aunque lo veremos un poco “encajonados” por la estructura del puente. También hay un puente por la autopista Nishiseto que comunica las prefectuelas de Hiroshima y Ehime, pero de este no tengo ninguna referencia para poder deciros si vale la pena para tener una buena visión del mar interior.

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Pero al margen de los puentes, que nos permiten ver el mar “desde dentro”, hay diversos puntos privilegiados que también nos permiten tener una buena visión del mar interior. Los más conocidos y que seguramente visitaremos igualmente por otras causas son el Mt.Misen en Miyajima y Kotohira.

En Kotohira, al final de los miles de escalones que os conducen hasta el punto más elevado del complejo de templos de Kompirasan, se tiene una gran visión de parte del mar interior… si el tiempo acompaña. Personalmente tan solo pude ver sombras difusas por que aquel día estaba nublado y llovía intermitentemente, pero a la vista de la guía que había para identificar los principales elementos geográficos (como en todos los miradores), la vista debe ser excepcional.

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Por otro parte, en Miyajima, si subes al Mt.Misen, ya mientras estás haciendo el tramo final con el teleférico, puedes empezar a admirar buena parte del mar interior próximo a la costa de Hiroshima, y al final del recorrido, en el Observatorio Shishiiwa puedes admirarlo a placer. Pero todavía hay más posibilidades, ya que si sigues ascendiendo por el camino hasta la cima del Mt.Misen, allí hay otro observatorio que nos permite tener una visión de 360º alrededor sin apenas ningún obstáculo. Desde allí arriba podemos ver una gran extensión del mar interior, la costa (y la ciudad) de Hiroshima, así como la costa de Shikoku si el día está suficientemente despejado. Y en medio toda una serie de islas grandes y pequeñas, las grandes extensiones de cultivos marinos (mayoritariamente ostras), e incluso una visión no muy habitual de Itsukushima.

Sin duda hay otros sitios desde los que se puede admirar el Mar Interior de Seto, pero los que os he mencionado aquí sin duda son también puntos turísticos de primer orden que por ellos mismos ya justifican una visita, así que las vistas las podéis considerar “un plus” para hacer aún más interesante la visita.

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