Archive for the ‘Nagoya (名古屋)’ Category

Reconstrucción Castillo Nagoya

Ya hace mucho que os hablé de mi visita al Castillo de Nagoya, y recordaba que no se trata de una auténtica reconstrucción, si no de una construcción hecha con hormigón, con un aspecto exterior igual al del castillo original, pero ninguna similitud real en su interior.

Esto es bastante habitual en muchos castillos japoneses (como por ejemplo el de Ōsaka) que fueron destruidos por las bombas durante la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente reconstruidos durante los años 50 o 60. La verdad es que por fuera estos castillos si que dan la impresión de ser auténticos, pero en cuanto entras se ve que no son más que estructuras aprovechadas para otros fines (generalmente museísticos, que sin duda también tienen un gran valor). Aún así siguen sirviendo como poderosos atractivos turísticos.

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Pero estas estructuras también requieren un mantenimiento adecuado, y con la evolución de las leyes sobre seguridad (especialmente en relación con los terremotos), la verdad es que muchos de ellos se están quedando desfasados y, si se quiere que sigan siendo un importante punto de atracción turística, es preciso tomar medidas, a veces drásticas, como las que acaba de aprobar el consistorio de la ciudad de Nagoya.

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En Junio de 2016 el alcalde de Nagoya, Kuwamura Takashi planteó la idea de derruir la actual torre de hormigón del Castillo de Nagoya para reconstruirla según el modelo original utilizando materiales y técnicas tradicionales. O sea, reconstruir el castillo “de verdad”. Un proyecto como este tiene un coste astronómico (calculado en unos 50 billones de Yenes, unos 8.5 millones de euros) y consecuentemente generó un fuerte debate. Debate que finalmente parece que ha acabado con la aprobación por mayoría del proyecto.

Este proyecto todavía se encuentra en sus fases iniciales, pero si todo va según se pretende, a principios de otoño de 2019 los visitantes ya no podrán visitar el castillo hasta finales de 2022, cuando tendremos una nueva y reconstruida torre del castillo de Nagoya tal y como era cuando se construyó hace siglos.

Ryokan Ichifuji

ichifuji03Foto de los propietarios a la entrada del ryokan encontrada en internet

Cuando viajo a Japón siempre que es posible trato de alojarme en un ryokan, no tanto para imbuirme mejor del espíritu tradicional del país (que también) si no por que en mi casa duermo sobre tatami en un futón, y por tanto es como estoy acostumbrado a dormir (de hecho dormir en una cama occidental es lo que me cuesta). Pero esto no es tan sencillo como puede parecer, especialmente en las ciudades grandes, donde la mayoría de alojamientos son hoteles modernos, o si son mixtos (habitaciones de estilo japonés y de estilo occidental), generalmente las de tipo japonés son las más grandes (y caras), y por tanto viajando solo no tienes acceso a ellas.

Nagoya es una de estas ciudades en que es difícil encontrar un ryokan adecuado, especialmente si tan solo utilizas la ciudad como punto de partida desde la que visitar todo lo que hay alrededor y no tanto para visitar la ciudad, ya que en estos casos buscas un sitio que esté lo más cerca posible de la estación de tren. A pesar de ello, la segunda vez que fui a Nagoya, como tenía la intención de tomarme las cosas con mucha calma, me decidí por un ryokan que, si bien estaba lejos de la estación de tren, estaba muy bien comunicado con esta. El lugar elegido fue el Pequeño Ryokan Ichifuji, al Norte de la ciudad y lejos de los sitios emblemáticos, pero con una comunicación directa con la estación de Nagoya con JR (como tenía el JR-Pass el coste del transporte no era un factor). Es cierto que tenía que dar una gran vuelta con el tren para llegar, pero pensé que valía la pena.

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Este ryokan está en una zona muy tranquila, e incluso está apartado de ella ya que se encuentra en una calleja. Por tanto, tranquilidad asegurada. La zona no tenía demasiadas posibilidades en cuanto a restaurantes (era preciso venir cenado si querías comer fuera), pero muchas opciones en cuanto a supermercados y konbinis, por si querías comprar alguna cosa para comer en la habitación, que es lo que solía hacer por las noches, así que no podía quejarme.

La habitación resultó ser de lo más normal por lo que respecta a estos establecimientos; el lavabo i el water eran compartidos y nada especiales (los he visto mucho mejores en otros ryokans), pero no tuve ningún motivo de queja. Lo mejor era sin lugar a dudas el baño (ofuro), muy espacioso, cuando fui no hacia mucho que lo habían reformado, y aunque era compartido (como es habitual), podías utilizarlo tú solo, y como no tienen demasiadas habitaciones, no era demasiado probable que te lo encontraras ocupado. Si tuviera que encontrarle alguna pega, únicamente podría quejarme de que estaba en el otro extremo del ryokan, que era muy largo y estrecho.

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En el precio de la habitación estaba incluido el desayuno, y al principio me alegré ya que teniendo en cuanta las jornadas turísticas que hacía, un desayuno fuerte por la mañana era muy recomendable. Lamentablemente, resultó ser un desayuno tipo occidental, aunque afortunadamente más del estilo americano que el continental que se sirve en España, y además tenía poca variedad de un día a otro (nota: repasando algunas informaciones justo antes de escribir esto, parece ser que desde que me hospedé en él, han hecho más reformas y cambios, y ahora también sirven desayunos japoneses, o al menos han puesto la foto como si así fuera).

Lo peor de todo en mi opinión fue el servicio. No puedo decir que este fuera malo, pero lo que si puedo afirmar es que no era bueno. No se si m i estancia coincidió con un momento malo por alguna causa, o tal vez era debido a que casi no había ningún cliente (contando los momentos de los desayunos, creo que tan solo me crucé con tres o cuatro huéspedes más) y estaban demasiado relajados, pero en conjunto es como si no hubiera nadie al cargo. Cuando llegué el primer día habría podido mirar por todas partes sin encontrar nadie, me costó mucho que alguien saliera a recepción, y al final lo conseguí por que otro huésped casi los fue a buscar a la parte privada en que vivían. Los desayunos, a pesar de tener un horario marcado, siempre acababan haciéndolos mucho más tarde por que no aparecían a la hora (como estaba lejos de la estación, quería aprovechar el tiempo, y finalmente me fue imposible). La llave de la habitación la llevaba siempre conmigo, y suerte de esto, porque si no al regresar me habría sido casi imposible entrar en mi habitación. No estoy demasiado seguro de si algún día arreglaron la habitación (a veces no tan solo recogían el futón), y el último día pude hacer el check-out a tiempo por que los pillé en el momento en que hacían los desayunos, que si no probablemente habría perdido el tren.

En resumen, a pesar que como sitio no estaba mal, cuando salí de allí me prometí que si volvía a Nagoya, no volvería nunca más a ese ryokan. Ahora que parece que han cambiado algunas cosas (incluso diría que es posible que hayan cambiado de propietarios), tal vez le daría una segunda oportunidad, pero me lo tendría que pensar muy bien, y si encontrara alguna otra posibilidad, seguro que la tendría muy en cuenta antes de volver al Ichifuji.

Información importante:

  • Lugar: Ryokan Ichifuji (Nagoya – Pref.Aichi).
  • Cómo llegar: a 5’ caminande de la estación de metro Heiandori de la línea Maijou; a 10’ caminando de la estación Oozone de los ferrocarriles JR (línea Chuo).

Castillo de Nagoya (名古屋城)

Nagoya, la cuarta ciudad del país, a primera vista parece una ciudad más, muy impersonal y demasiado moderna como para conservar elementos de interés turístico, pero una visión más profunda demuestra que es una ciudad que puede tener golpes escondidos. La verdad es que siempre que he hecho parada en ella ha sido más para utilizarla como base para visitar otros lugares de la zona gracias a su privilegiada situación a caballo entre Chûbu, y la Península de Ise, en Kinki, pero aún así siempre he encontrado motivos para también hacer algunas visitas en la ciudad (generalmente relacionadas con alguna celebración, festival, o acto festivo similar).

Y uno de los atractivos de la ciudad es su castillo, una reconstrucción hecha con hormigón que convirtió el interior de la torre principal en un museo, pero que en el marco de un magnífico parque, el exterior nos permite transportarnos a unos tiempos remotos y soñar con batallas como las de las “pelis”.

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El castillo de Nagoya de la reconstrucción fue erigido por orden de Tokugawa Ieyasu para controlar en un sitio estratégico la importante ruta de Tôkaidô, y frenar un posible ataque procedente de la zona de Ôsaka. Con este objetivo se construyó un típico ejemplo de castillo construido en una llanura, que desde 1612, año de su finalización, y hasta la Restauración Meiji, estuvo en manos de la familia Owari, una de las tres principales familias directamente emparentadas con los Tokugawa. Pero su historia se remonta a más de medio siglo antes, cuando en una zona muy próxima a la localización de la posterior residencia del ninomaru se construyó una fortificación para poder avanzar sobre la provincia de Suruga. Incluso se dice (con una gran controversia) que en ella nació Nobunaga Oda en 1534. Finalmente esta primera etapa del castillo finalizó en 1582, cuando fue abandonado.

Como Nagoya era una importante ciudad industrial, durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeada, y buena parte del castillo, incluida la doble torre principal y el palacio honmaru quedaron destruidos el 14 de Mayo de 1945. Afortunadamente, tres torres que hacían esquina, tres puertas y la mayoría de las pinturas de las puertas correderas y las paredes del honmaru sobrevivieron al fuego, y posteriormente han sido catalogadas como Importante Bien Cultural. No fue hasta 1959 que se pudieron reconstruir los edificios que actualmente podemos visitar.

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Pero si el castillo de Nagoya es famoso por alguna cosa es por sus delfines dorados (Kinshachi). No es que se trate de un elemento característico o único de este castillo, de hecho se cree que los primeros delfines que se colocaron en la parte superior de los tejados se remontan a la Era Muromachi para representar la autoridad del señor del castillo. Los delfines originales corrieron la misma suerte que el resto de la torre, pero en 1959 se reconstruyeron conjuntamente con la torre, cosa que alegró especialmente a la población de Nagoya, que los tiene en gran estima, y casi los has adoptado como símbolo de la ciudad.

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Para visitar el castillo y los jardines que lo rodean hace falta bastante tiempo, pues hay muchas cosas que ver, y se merecen verlas con calma, y siempre es posible que además se esté celebrando algún festival. Cuando yo lo visité tuve la suerte de que en los jardines tenía lugar un festival de una semana de duración, motivo por el que la visita al castillo se alargaba más allá del horario habitual de cierre. Tal vez con tantas puestos y actos diversos no pude visitar como se merecen los jardines, pero en las temporadas de floración especiales ha de ser realmente espectacular, teniendo en cuenta que hay zonas con abundancia de peonías, ciruelos, glicinas, etc. Sin duda un sitio para visitar varias veces, en diversas épocas del año.

Información importante:

  • Lugar: castillo de Nagoya (Nagoya – Pref. Aichi).
  • Entrada: 500円.
  • Cómo llegar: la estación de metro más próxima es Shiyakusho City Hall, de la línea Meijo, pero si la combinación os es más favorable, también podéis bajar en la estación Sengencho de la línea Tsurumai.

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Castillos japoneses (日本の城)

Una de las estampas más características para el turista que visita Japón es sin duda los castillos, herencia de una época a la que tantas y tantas películas de samuráis nos han transportado, y que a muchos nos gusta revivir en vivo y en directo siempre que sea posible.

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En Japón hay centenares de castillos, pero desgraciadamente, la mayor parte no son más que cuatro piedras que tan solo sabes que son las ruinas de un castillo por que te lo dicen, no por que llegues a ver ninguna estructura que sea reconocible. Si lo pensáis con calma, teniendo en cuenta las guerras, las fuerzas de la naturaleza (terremotos e incendios, básicamente) y las técnicas de construcción más utilizadas, posiblemente acabemos sorprendiéndonos de que todavía queden tantos.

En cualquier caso, tengo localizados aproximadamente unos cincuenta castillos que se pueden identificar fácilmente como tales (aunque en muchos casos solo queda la torre principal), muchos de ellos considerados tesoros nacionales. En este blog ya he hablado de la mayoría de los que he tenido la suerte de visitar, que no representan ni la mitad de los que tengo localizados. Como he dicho en estas ocasiones, muchos de los castillos que siguen en pie son reconstrucciones parciales realizadas en tiempos modernos, y en muchas ocasiones utilizando técnicas modernas de construcción, lo que hace que tan solo tengamos la engañosa sensación de estas viendo un castillo original, a pesar de estar hecho de hormigón.

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Dentro de la campaña “12 meses, 12 temas”, tengo la intención de dedicar el mes de Julio a los castillos, hablando de aquellos que todavía no han encontrado su lugar en este blog, como el castillo de Kanazawa o el de Nagoya. Si revisáis los artículos anteriores sobre castillos publicados en este blog, o seguís leyéndome a lo largo de este mes, la lista completa de castillos que encontraréis es:

Evidentemente, no es una revisión exhaustiva de todos los castillos que se pueden visitar en Japón, ni tan solo de los más representativos o conocidos (faltan algunas joyas como el de Kumamoto, por poner solo un ejemplo), pero si todos los que he conseguido visitar hasta ahora, que es la premisa con la que estoy escribiendo este blog desde sus inicios: “hablar solo de lo que tengo una experiencia de primera mano”.

Matsuri (お祭り)

Foto: Arturo

Si hay algo que todos habéis visto en algún reportaje, película, manga o anime es sin duda un matsuri, o festival. De matsuris los hay durante todo el año por las causas más diversas, pero lo más habitual es que tengan lugar en verano, cuando hace mejor tiempo para salir a divertirse, y cuando suelen acumularse los motivos para celebrarlos.

Y la verdad es que con el calor de los últimos días te entran ganas de ponerte un yukata e ir a alguno. Personalmente he estado en más de un matsuri durante los diversos viajes a Japón que he hecho, pero querría destacar uno por encima de todos, principalmente por ser el más completo que he visto. Dn él pude ver realmente todos los elementos que de forma conjunta o dispersa había podido ver en documentales, películas y animes: casas del terror, tenderetes para hacer puntería o pescar pececitos, tiendas para comprar de todo y, evidentemente, muchos puestos de comida y la posibilidad de bailar al ritmo del taiko central. Todo esto y más lo podéis ver en el siguiente vídeo resumen de la parte más “festiva” de la celebración.

Y he dicho la parte más festiva porque además, había diversas actividades puntuales, como la demostración de disparo con teppô, el concierto de taiko o la representación de los Power Rangers, de los que ya os he hablado en entradas anteriores de este blog.

Es cierto que para entrar en este matsuri se había de abonar una entrada (700 円), pero en ningún otro festival había visto actuaciones como las anteriormente mencionadas, y durante los días del matsuri (aproximadamente una semana), el castillo cerraba sus puertas más tarde, cosa que te permitía visitarlo con la misma entrada del festival.

E incluso tenías la oportunidad de alquilar una armadura de samurai para hacerte unas fotos, o hasta pasearte por el lugar vestido con ella, y tal vez incluso bailar un poco con la armadura.

Foto: Arturo

Y que decir de los puestos de comida… podías encontrar de todo, y había una amplia zona de mesas para poder comértelo tranquilamente, justo al lado mismo del camión de la cerveza Kirin, que por cierto es el más práctico que he visto nunca. Llegas, aparcas, abres el lateral del camión y ya tienes preparados los caños para servir cerveza… si no te despistas demasiado con la chica de Kirin, con un ajustado vestido rojo y que cortaba la respiración (tanto que se me olvidó hacerle una foto y habréis de creer en mi palabra).

¡Buf! Quizás que deje de hablar del matsuri, que ya me estoy imaginando de regreso en Japón y acudiendo a un matsuri de verano para refrescarme del calor que tengo ahora mismo.

Foto: Arturo

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