Archive for the ‘Historia’ Category

150 Años Iglesia Oura

En la ciudad de Nagasaki se encuentra la iglesia católica más antigua de Japón, la Iglesia Oura, que el pasado 19 de Febrero 2015 celebró una misa para conmemorar su 150 Aniversario. Esta iglesia es un lugar de culto muy especial, no solo por ser el centro de culto católico más antigua que queda en Japón, si no también por que está dedicada a los 26 mártires católicos, algunos de ellos misioneros extranjeros, que fueron ejecutados por el régimen de Hideyoshi Toyotomi en 1597.

Esta iglesia fue construida por el misionero francés Bernard-Thadee Petitjean, que fue también quien descubrió con sorpresa que en Japón todavía quedaban católicos que habían mantenido su Fe durante casi 300 años.

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Para celebrar su 150 Aniversario se reunieron 150 personas en una oración común dentro de la iglesia, ahora basílica, y entonaron un canto dedicado a su historia. La misa la ofició el Arzobispo Joseph Mitsuaki Takami que pidió que se dejara avanzar la historia de la Fe tan ligada a la iglesia para poder pasarla a las siguientes generaciones.

Foto: Mainichi Shimbun

Foto: Mainichi Shimbun

Foto: The Asahi Shimbun

Foto: The Asahi Shimbun

Mimizuka (耳塚)

Caminando por una calle del margen derecho del río Kamo, iniciando una visita a la zona de los templos del la zona Sur de las Higashiyama me encontré, junto a un parque infantil, un montículo rodeado por una pequeña verja y coronado por una stupa de piedra que no aparecía en ninguna guía. Le hice un par de fotos y seguí camino hacia Sanjusangendo, la primera parada prevista de mi ruta de ese día.

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Mas tarde traté de averiguar qué era y por qué estaba allí, pero la verdad es que me costó bastante encontrar información sobre este monumento, que resulto ser un mimizuka, (literalmente traducido como “Tumba de orejas”), un sitio en el que Toyotomi Hideyoshi hizo enterrar las orejas y narices que las tropas japoneses cortaban a sus víctimas durante la invasión de Corea entre 1592 y 1598, y que terminó con la retirada japonesa ante la feroz resistencia de los coreanos. En Japón era costumbre que durante una batalla los samuráis cortasen la cabeza de los enemigos que mataban, para posteriormente, en una ceremonia realmente solemne, los generales pudieran apreciar sus gestas y recompensar-los adecuadamente, especialmente si habían acabado con algún conocido oficial del enemigo. En Corea, por motivos prácticos, esta costumbre se adaptó y lo que cortaban eran las orejas y las narices de los muertos.

Se dice que en este lugar se enterraron entre 38.000 y 40.000 narices y orejas, y que estas son tan solo las que llegaron en buenas condiciones desde Corea por que habían sido conservadas en salmuera. No creo que realmente nadie haya tratado realmente de saber cuántas hay realmente, y los recuentos oficiales de la época probablemente estaban inflados para disimular la derrota, pero en cualquier caso, fue una gran ofrenda a Buda aquí, precisamente junto al santuario Toyokuni, que es el que hay en Kyôto dedicado a Toyotomi Hideyoshi. Fue consagrado el 28 de septiembre de 1597 dentro de los terrenos del templo Hokoji, y se le asignó un monje para que rezara por las almas de los miles de coreanos muertos en la guerra.

Su nombre original era hanazuka (literalmente “montículo de narices”) , pero posteriormente se utilizó un término menos cruel, que es el que nos ha llegado hasta nuestros días.

El Gran Terremoto de Kobe

Ahora que se acaba de conmemorar el tercer aniversario del terremoto que provocó el tsunami de Tōhoku, tal vez sería bueno recordar que, en tiempos modernos, Japón ha sufrido otros dos grandes terremotos, el Gran Terremoto de Kantō de 1923, y el Gran Terremoto de Hanshin de 1995. Este último, también conocido como Gran Terremoto de Kobe por ser esta la ciudad que resultó más afectada, tuvo lugar exactamente el 17 de enero de 1995 a las 05:46:46 am y duró unos veinte segundos, tiempo más que suficiente para causar más de 6.000 muertos y unos daños materiales de los que Japón tardó bastante en recuperarse.

Este terremoto fue el que empujó a los japoneses a cambiar totalmente sus planes de prevención de terremotos y que les ha conducido a ser actualmente punteros en este campo. Los sistemas de construcción, por ejemplo, son los que permitieron que en el último terremoto de Tōhoku los edificios más altos de Tōkyō, a pesar de moverse considerablemente, no sufriesen daños.

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Actualmente en Kobe no queda ni rastro de los efectos del terremoto, excepto una pequeña zona del puerto que se ha conservado tal como quedó como recordatorio de lo que sucedió, junto a la cual se ha erigido un memorial con imágenes y explicaciones de lo que sucedió.

Información importante:

  • Lugar: Memorial del Terremoto del Puerto de Kobe – Parque Meriken (Kobe – Pref.Hyōgo).
  • Coste: gratuito
  • Cómo llegar: si viajas con el autobús turístico, el City Loop, debes bajar en la parada 17 (Parque Meriken) y andar unos 5’.

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Sensō-ji (浅草寺)

El templo Sensō-ji es uno de los sitios más conocidos y fotografiados de Tōkyō, además de ser el templo más antiguo de la ciudad. Ya lo visitamos durante el Hatsumōde virtual de este año, pero hoy nos detendremos para ver con detalle todos los magníficos rincones que nos ofrece este símbolo del barrio tokiota de Asakusa. Primero hablaremos de su historia, y en el próximo artículo nos centraremos en los edificios que lo componen.

Sensō-ji y Asakusa, el barrio en el que se encuentra, están íntimamente ligados, pues ambos se escriben utiliozando los mismos kanji (浅草), aunque se pronuncian de forma distinta: “senso” es la pronunciación china, mientras que “asakusa” es la pronunciación japonesa.

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Historia de Sensō-ji

Su nombre completo es Kinryū-zan Sensō-ji (金龍山浅草寺) y aunque perteneció a la secta Tendai del budismo, después de la segunda guerra mundial pasó a ser independiente, y ahora es de la escuela Shō-Kannon, y está dedicado a Bodhisattva Kannon (Aarya Avalokitezvara), que según la leyenda es la causa de la fundación del templo el año 628.

El año 628 la capital del Japón estaba situada en Asuka (en lo que actualmente es la prefectura de Nara), y lo que actualmente es Tōkyō no era más que unas praderas deshabitadas. Dos pescadores, Hinokuma Hamamari y su hermano Takenari, estaban pescando en el río Sumida cuando sintieron la llamada divina para tirar su red en una zona concreta, y al retirarla vieron que habían “pescado” una estatua dorada de Bodhisattva Kannon.

Al escuchar lo que había sucedido, el jefe del pueblo de los hermanos Hinokuna, Haji Nakatomo, decidió que tenía que convertirse en un devoto creyente de Bodhisattva Kannon, hizo los votos de sacerdote budista, reconvirtió su hogar en un templo y se pasó el resto de su vida practicando el budismo. Así es como nació el templo más antiguo de Tōkyō y la historia de Sensō-ji.

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En el año 645, el famoso sacerdote Shokai visitó Asakusa y construyó un templo para la adoración de Bodhisattva Kannon, convirtiéndose así en el fundador formal de Sensō-ji. A consecuencia de un sueño, Shokai decidió que Bodhisattva Kannon había de ser ocultada de la vista de los humanos, y así ha permanecido hasta la actualidad.

La noticia de la bendición de Bodhisattva Kannon se propagó y mucha gente de todo Japón acudió a adorarla, haciendo que Asakusa se desarrollara y creciera.

A mediados del siglo IX, Ennin (794-864), el sacerdote principal de Enryaku-ji, el templo principal de la secta Tendai, visitó Sensō-ji y creó una estatua de Bodhisattva Kannon idéntica a la que estaba oculta a la vista, e invocó su espíritu sobre la nueva estatua. Potenciado por Ennin, Sensō-ji no atrajo solo a devotos entre la gente normal, si no también entre la casta samurai. Cuando el shogun Tokugawa Ieyasu (1543-1616) declaró el templo como sitio sagrado y templo tutelar del shogunato, Sensō-ji alcanzó el punto álgido de su prosperidad.

Durante el tiempo transcurrido desde ese momento, Sensō-ji ha seguido siendo uno de los principales centros culturales y de devoción de Tōkyō, y todavía hoy sigue teniendo una gran influencia en la vida de la gente, siendo visitado por millones de personas cada año, no solo para hacer turismo, si no también por las diversas celebraciones populares y religiosas que tienen lugar a lo largo del mismo.

Bodhisattva Kannon

sensoji02Desde su fundación, con el paso del tiempo, el budismo se dividió en dos ramas principales: Hinayaana (actualmente denominada Theravaada), que considera que los devotos deben seguir las enseñanzas del fundador, Buda Shakyamuni, para alcanzar por si mismos la iluminación; y Mahaayaana, que predica que los fieles no solo deben buscar su propia iluminación, si no también ayudar a los que sufren. El budismo Mahaayaana se propagó por la India hasta China y Corea, y finalmente pasó a Japón. En este proceso, según diversas interpretaciones de las enseñanzas de Buda, fueron surgiendo diversas figuras de adoración, conocidos genéricamente como Budas, que en realidad eran Bodhisattvas, gente que había alcanzado la iluminación, actuando como salvadores del pueblo en el proceso de sus prácticas religiosas para convertirse en budas. Los devotos del budismo les confirieron una forma concreta a estas figuras, creando estatuas de ellos para adorarlos.

Bodhisattva Kannon es uno de entre muchos Bodhisattvas que desde tiempos muy antiguos han sido adorados por los japoneses. También es el más caritativo de los Bodhisattvas, enviado para aliviar las miserias de los humanos en la tierra. Muchos japoneses creen que sus esperanzas y súplicas llegan a esta deidad. En concreto, el Bodhisattva Kannon adorado en Sensō-ji ha sido una fuente sin parangón de beneficios y milagros a lo largo de los siglos, y se considera que ha salvado y protegido a innumerables personas desde su aparición en este mundo.

La fe en Bodhisattva Kannon, que ha apoyado a Sensō-ji y atraído a mucha gente al templo, consiste en abrir el corazón de uno y vivir con el espíritu misericordioso que encarna, a la vez que se muestra esta misma misericordia hacia los demás en la vida diaria, tratándolos con ternura.

Si queréis rezar a Bodhisattva Kannon mientras visitáis el templo, debéis juntar las manos en posición de plegaria y repetir “Namu Kanzeon Bosatsu” (deposito mi confianza en Bodhisattva Kannon).

Siguiendo los pasos de la historia

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Posiblemente no sea uno de los motivos más habituales para viajar, pero aún así hay gente que lo que le gusta es ver con sus propios ojos dónde tuvieron lugar los acontecimientos que consideran interesantes. La mayor parte de este interés se enfoca hacia épocas antiguas y, sobre todo, hacia las batallas. Es por esto que a veces se realizan “reenactements” o reconstrucciones de batallas históricas. Esta es una tradición más anglosajona que latina, pero también se hacen en Japón, donde además, por su conservación de las costumbres antiguas, también pueden verse demostraciones de artes antiguas, como disparar con arco o disparos de teppô, en los que puedes vestirte como los samuráis antiguos, y tal vez incluso tocar armas como las que utilizaban los guerreros de antaño.

Es evidente que el paso del tiempo ha hecho cambiar mucho la fisonomía de cualquier paisaje, y por tanto el entorno ya no es el mismo que en aquellos períodos históricos, pero en Japón hay mucha voluntad por conservar la historia, y por tanto los sitios históricamente destacables son fácilmente localizables, si bien es probable que no se conserven de la forma más adecuada para hacernos una idea más clara de lo que sucedió. Así, todavía son visibles, por ejemplo, los agujeros de bala en una muralla producidos por los combates durantes las guerras de la Restauración Meiji, o la cueva en la que se refugió en sus últimos días el revolucionario de Satsuma, Saigô Takamori, pero también hay carteles y representaciones de lo que sucedió, por ejemplo, en un parque en el centro de la actual Ôsaka.

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Evidentmente, en un país con una tradición guerrera tan extensa en el tiempo, el país está abarrotado de sitios para visitar si eres un enamorado de la historia, desde museos como el Yushukan, pasando por infinidad de castillo y edificios de gran relevancia histórica como el Palacio Imperial de Kyôto, hasta rutas enteras que siguen los pasos de grandes personajes que han quedado inmortalizados en obras literarias como Genji Monogatari.

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Y si todavía no tienes suficiente con todo esto, puedes asistir a alguna de las reconstrucciones modernas de períodos históricos, como parques temáticos basados en la Era Edo, casas ninja, o incluso los escenarios en que se han rodado buena parte de las películas de samuráis japoneses.

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Como podéis ver, las opciones son ilimitadas, y suficientemente amplias como para que sea posible afinar un momento concreto de la historia, o qué grado de “autenticidad” queremos. E incluso restringiendo las opciones, ¡no nos lo acabaremos en unos pocos viajes!

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