Archive for the ‘Nara (奈良)’ Category

Kasuga Taisha abre al público un santuario secreto

En el santuario Kasuga Taisha de Nara se abrirá temporalmente al público un santuario que hasta ahora había permanecido siempre cerrado a los visitantes, antes que tenga lugar un ceremonial de renovación que se ha mantenido durante siglos. Este santuario alberga diversos objetos de adoración, que serán trasladados a una instalación temporal el 37 de marzo, quedando el templo abierto al público del 1 de abril al 31 de mayo, cosa que permitirá ver por primera vez la piedra sagrada que hay en su interior.

Este santuario, Patrimonio de la Humanidad, cada 20 años se somete a un ritual en el que se renuevan las estructuras más envejecidas y se cambian los interiores. A finales de año tendrá lugar el 60º Shikinen Zotai, y será la primera vez que el público en general podrá penetrar en un recinto del templo al que habitualmente solo pueden acceder los sacerdotes sintoístas y los miembros de la familia Imperial. Dentro de esta zona hay cuatro edificios reconocidos como Tesoros Nacionales, situados en fila y en los que se veneran deidades como Takemikazuchi no Mikoto. Este dios, originalmente situado en el santuario Kashima Jingu de la Prefectura de Ibaraki, se dice que marchó hasta Kasuga Taisha sobre un ciervo blanco.

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También se considera que otra deidad vive en el interior de una piedra Iwakura de 50cm de altura, situada en un templete de 80×100 cm. Esta piedra se mostrará al público por primera vez en la historia durante el período en que la zona permanezca abierta. De hecho, el sacerdote principal de Kasuga Taisha cree que el santuario se construyó precisamente allí por que era donde se encontró la piedra.

La puerta que conduce al Ushirodono, en la zona Norte del santuario, y que fue cerrada en la era Meiji, se abrirá por primera vez en 140 años, y será por donde entrará el público para visitar los dioses que protegen contra el mal. También se podrá visitar el jardín que hay detrás de los edificios.

Del 29 de marzo al 5 de abril el santuario mostrara el Kashima Dachi Shinei Zu (las deidades de Kasuga marchando del santuario Kashima), una pintura del período de las Cortes del Norte y el Sur (1336-1392) en que se ve a Takemikazuchi no Mikoto y a Kashima Dachi no Hoko (la alabarda marcando la marcha de las deidades de Kasuga), y que se cree que fue llevada hasta el santuario por un seguidor de estos dos dioses.

Para acceder deberá comprarse un ticket de 1.000 円, que incluirá un souvenir especial.

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Nara, Patrimonio de la Humanidad

Inscrito en el listado de elementos Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1998, la zona declarada patrimonio recibe el nombre genérico de “Monumentos Históricos de la Antigua Nara”, y como sucede con gran parte del patrimonio japonés, no se centra en un edificio singular o en un sitio concreto, si no toda una zona muy amplia, con 8 elementos centrales distintos: 5 templos (Tōdai-ji, Tōshōdai-ji, Yakushi-ji, Gangō-ji, Kōfuku-ji), un antiguo palacio (Heijō-kyō), un santuario (Kasuga Taisha) y un bosque sagrado (bosque original Kasuga).

Tal como dice la UNESCO: “Nara fue la capital de Japón entre los años 710 y 784. Durante este período se consolidó el marco del gobierno nacional y Nara disfrutó de una gran prosperidad, surgiendo como origen de la cultura nipona. Los monumentos históricos de la ciudad, los templos budistas, los santuarios sintoístas y los restos excavados del gran Palacio Imperial, proporcionan una vívida imagen de la vida en la capital japonesa del siglo VIII, un período de profundos cambios políticos y culturales“.

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Los Monumentos Históricos de la antigua Nara han sido testimonio de la evolución de la arquitectura y el arte japoneses, inspirados en los de China y Corea, hasta adoptar un estilo propio y característico.

El año 1710 la capital se trasladó de Fujiwara a Nara, que como consecuencia de ello prosperó como centro cultural, político y económico del país durantes los siguientes 74 años, durante el denominado Período Nara. La localización del palacio Heijō-kyō fue meticulosamente estudiado mediante técnicas geománticas chinas. El plano general de la ciudad, basado en el de grandes ciudades chinas como Chang’an, quedó cubierto de palacios, templos budistas, santuarios sintoístas, edificios públicos, residencias y calles, todos ellos dentro de una red ortogonal, en la que el palacio ocupaba el extremo Norte de la avenida central. El palacio, de 120ha, incluía diversos edificios oficiales para celebrar ceremonias políticas y religiosas, entre los que destacan el Daigokuden (sala de audiencias imperial), el Chōdō-in (salones de estado), y la residencia imperial (Dairi), además de otros anexos que cumplían funciones administrativas y de otra índole más prosaica.

En el año 784 la capital imperial se trasladó a Nagaoka durante nueve años, y posteriormente a Kyōto (Heian), donde se quedó hasta el año 1184. La abandonada capital de Nara es convirtió en campos de cultivo, pero la mayoría de los templos y santuarios sobrevivieron intactos, manteniendo su estatus y el patrocinio imperial. Se desarrolló una nueva población alrededor de ellos, conocida como Nanto (Capital del Sur). La zona alrededor de los templos Tōdai-ji, Kōfuku-ji, Gangō-ji y Kasuga-Taisha fue el que más prosperó, y sirvió de núcleo para el desarrollo de la ciudad actual a partir del siglo XVI.

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Tōdai-ji está formado por un grupo de edificios, siendo el más importante el Kondō (Sala del Gran Buda) donde se encuentra la imagen sentada de Vairocana (Gran) Buddha. Se trata de una gigantesca estructura de madera que alberga una estatua de bronce de 15m de altura, la más grande de este tipo que existe en el mundo. Kōfuku-ji fue inicialmente construido en Fujiwara, y reconstruido en Nara al trasladarse la capital.

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Gangō-ji fue el primer templo budista japonés, construido por Soga-no-Umako en el siglo VI, siendo conocido originalmente como Asuka-dera. Fue trasladado desde Asuka el año 718 con motivo del traslado de la capital a Nara. La mayor parte del templo original quedó destruido por un incendio en 1451.

Tōshōdai-ji, originalmente construido por el sacerdote chino Jian Zhen (Ganjin) el año 759 para los estudiantes de budismo, es un caso excepcional, pues a lo largo de su historia ha sufrido realmente muy poco a causa de incendios u otros desastres naturales. Entre sus edificios más importantes encontramos el Kondô (salón principal, el único ejemplo que todavía existe de la construcción original durante el período Nara, y un elemento vital para estudiar la arquitectura de los templos japoneses), el Kōdō (salón de lectura, aunque originalmente se concibió como salón para realizar las reuniones de palacio, y único elemento que todavía sobrevive de la arquitectura del palacio), el Korō (repositorio de sutras), y el Hōzō y el Kyōzō (dos repositorios del estilo “casa larga”).

Kasuga-Taisha, fundado según las leyendas el año 768, se considera que sus orígenes podrían remontarse hasta el inicio del Período Nara. Está situado al pie de dos montañas sagradas (Kasugayama y Mikasayama). Los edificios de Kasuga-Taisha han sido restaurados y reconstruidos en numerosas ocasiones a causa del envejecimiento y de la destrucción por diversas causas. Todos los edificios están situados dentro de los límites del recinto sintoísta y, según la tradición, tienen techos con tejas hechas con corteza de ciprés, para armonizar con el entorno.

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El bosque original del Kasugayama representa un entorno natural para Kasuga Taisha, como el que forma parte integral de todos los santuarios sintoístas. Kasugayama ha sido preservado como bosque sagrado, y la protección impide cualquier tipo de actuación más allá de los caminos para los fieles y peregrinos.

El antiguo Palacio Imperial contenía todo lo necesario para las funciones oficiales y privadas de la familia imperial, incluyendo, como ya hemos dicho anteriormente, edificios como Daigokuden, Chōdō-in, y Dairi, pero también oficinas, talleres, almacenes, establos, etc. Todo el complejo estaba rodeado por muros de tierra de 5m de altura, que se podían atravesar por alguna de las 12 puertas que tenía, siendo la más importante la del centro del muro Sur, denominada Puerta Suzaku. Actualmente tan solo quedan algunos cimientos, reconstrucciones y museos para recordar esta maravilla.

Toda la zona de los Monumentos Históricos de la Antigua Nara está dividida en dos partes principales, tres elementos al Oeste, y el resto al Este. La mayor parte de visitas se dirigen hacia el Este, donde están los edificios más conocidos, y donde hay tantas cosas que ver como pasarte todo el día en ella. Si a esto le añadimos que muchas veces el turista viene a visitar Nara en un día, procedente de Kyōto, la parte del Palacio, Tōshōdai-ji y Yakushi-ji no suele ser tan visitada. De hecho yo todavía no los he visitado, a pesar de haber estado un par de veces en Nara (en realidad ni tan solo he visitado Gangō-ji, a pesar de estar muy cerca de la zona que si he visitado). Y es que si lo quieres ver todo bien, personalmente creo que es imprescindible hacer noche en Nara y dedicarle dos días (o la mayor parte de los dos días), uno para cada grupo de edificios.

La zona Este es fácilmente accesible sobre todo si vienes de fuera de la ciudad, pues desde la estación JR más próxima tan solo hace falta seguir una avenida comercial para llegar directamente a ella. La zona Este está más alejada, pero si no nos centramos únicamente en los ferrocarriles JR (lógico si estamos utilizando el JR Pass), la compañía privada Kintetsu tiene diversas estaciones que nos dejan relativamente cerca de ella. Sea como sea, Nara es una ciudad muy bonita, interesante de visitar, de esas que debes incluir obligatoriamente en tu ruta, y no solo por que todo el mundo la visita.

Lavado de cara al Daibutsu de Nara

Yo soy una persona muy planificadora, y supongo que como consecuencia de ello, antes de visitar un lugar trato de informarme todo lo que pueda. Es por esto que antes de mi primer viaje a Japón leí diversas guías para decidir que sitios visitar, así como otras curiosidades. En una de estas guías se mencionaba que a veces era posible ver algún monje barriendo la mano del Gran Buda de Nara, en Tōdaiji (東大寺). La verdad es que era una curiosidad que seguramente nunca lograría ver en vivo, pero realmente me llamó la atención, y tal vez por esto me llamó aún más la atención esta noticia. Claro que el comentario de la guía no hablaba de que tuviera lugar en un día concreto…

En medio del calor sofocante, los monjes budistas realizan el Ominugui, el ritual anual de limpiar la gigantesca estatua de bronce representando a buda del templo Tōdaiji, en la antigua capital del país.

El ritual de limpieza tiene lugar cada año el 7 de Agosto, en este monumento considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, antes del festival del O-bon, cuando los espíritus de los antepasados se considera que vuelven a su casa (tal vez para que cuando vuelvan puedan decir que los que quedan aquí siguen cuidándose de los lugares sagrados).

A las 07:00 de la mañana, Kansho Tsutsui, sacerdote principal del templo, entonó el sutra para retirar temporalmente el espíritu de la estatua. A continuación unos 160 monjes y fieles que previamente se habían purificado en el baño del templo, y que vestían kimonos blancos, se subieron a la cabeza y los hombros de la estatua de 15 metros de altura, utilizando cuerdas.

Para limpiar la estatua se utilizan pinceles y otros utensilios para retirar el polvo que se ha acumulado durante el último año, y también se friegan y restriegan los rizos de su cabello.

Con esta operación el suelo de la sala en la que se encuentra el buda estaba cubierto de polvo blanco, pero los turistas seguían mirando impertérritos la operación mientras se tapaban la boca y la nariz con un pañuelo”.

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Ciervos Sagrados

Las leyendas y tradiciones japonesas son muy variadas, y a pesar que muchas han perdido su anterior significado, todavía se siguen manteniendo de una u otra forma. Este es el caso de los ciervos, antiguamente considerados sagrados por su relación con los dioses, y actualmente conservados igualmente y protegidos como patrimonio natural. Si hablamos de ciervos sagrados paseándose entre los turistas como si eso fuera lo más natural del mundo, seguramente lo primero que os vendrá a la mente serán los ciervos de Nara, pero también los podemos encontrar en otro lugar de gran significación religiosa, la isla de Miyajima, aunque en este último caso las autoridades avisan que debemos tener mucho cuidado con ellos.

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Los ciervos de Nara

Nara, una de las primeras capitales del país, siempre ha tenido una estrecha relación con la religión, y ya desde muy antiguo se consideraba a los ciervos animales sagrados pues según la leyenda, Takemikazuchi-no-mikoto, uno de los cuatro dioses de Kasuga Taisha, apareció montado en un ciervo blanco sobre el monte Mikasa-yama. Desde ese momento se consideró que los ciervos eran sagrados, y matar uno estuvo castigado con la pena de muerte hasta 1637, cuando se produjo la última violación de esta ley de la que se tiene constancia. Después de la II Guerra Mundial, oficialmente perdieron su estatus divino, pero siguieron protegidos como tesoros nacionales.

Actualmente su número puede llegar a ser un problema, y de hecho tienen unos privilegios que pocas veces son compatibles con la vida moderna. Habitualmente pastan por el Parque de Nara en total libertad, mezclándose sin ningún problema con los turistas, a pesar de que a veces ver alguno que cojea, seguramente como resultado del choque con algún coche, pues hay una calle principal que atraviesa el parque (hay señales de peligro por animales libres, pero aún así seguro que causan accidentes). También tienen zonas un poco más retiradas donde son alimentados si hace falta, pero se han acostumbrado totalmente a las “galletas para ciervos” (鹿煎餅 – Shika-senbei) que se venden en los puestecillos de la zona, para que los turistas se las den (tienen una formulación especial que les va bien a los ciervos).

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De hecho, hay grupos numerosos de ciervos que no se alejan de estos puestos, esperando ansiosos que alguien compre las galletas para, literalmente, perseguirlo para que se las de. Y cuando el comprador es un nuño, lo más habitual es que este se asuste al ver como un puñado de ciervos, muchas veces más grandes que él, se le acercan de golpe, tratando de morder U/las galletas), hasta que el crío acaba tirándolas al suelo para poder huir. Pero no solo los nuños están en “peligro” ya que también “acosan” a los adultos, mordisqueando lo que pueden si notan que hay galletas al otro lado (y tienen unos dientes muy duros, capaces de hacerse notar incluso a través de la dura tela de los tejanos). Supongo que deben considerar que es un precio justo por todo lo que se han de dejar tocar y manosear por la gente.

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Los ciervos de Miyajima

En la isla sagrada de Miyajima también hay ciervos en libertad que bajan al pueblo y se pasean entre los visitantes de los templos y las demás atracciones de la isla, pero en este caso se trata de ciervos salvajes, como no se cansan de avisar las autoridades en las guías y con todo tipo de carteles. No es que parezca que sirvan de mucho las advertencias, pues al gente los trata muchas veces como a los de Nara, a pesar de no tener galletas shika-senbei para darles. Aquí es preciso ir con más cuidado con ellos, pues aunque son un poco asustadizos, muchas veces mordisquean las bolsas que llevas si huelen que puede haber comida.

Que son más peligrosos da fe una zona cerrada especial que hay en el cuartel de policía para encerrar a los que parecen más agresivos o los que causan algún problema, antes de trasladarlos a la parte más alejada de la isla para que no causen más problemas. Eso si, a pesar de los grandes carteles de “ciervos peligrosos”, como tan solo están separados de la calle por una reja metálica, he visto gente tratando de tocarlos a través de los agujeros de la valla.

Los ciervos (Shika – 鹿)

El tipo de ciervo que podemos encontrar en Japón es el Cervus Nippon, una especie que puede encontrarse en buena parte de Asia Oriental, aunque fuera de Japón ha desaparecido de muchas zonas. Este ciervo es uno de los pocos que no pierde sus manchas al llegar a la madurez, aunque su distribución puede variar mucho según la región (en las zonas insulares como Japón y Taiwán, estas apenas pueden distinguirse). El color de su pelaje puede variar del caoba al negro, aunque los ejemplares blancos n o son raros. Durante el invierno el pelaje se oscurece, y las motas se hacen menos prominentes, mientras que a los machos se les forma una pequeña crin en la parte posterior del cuello. Son de tamaño medio, con un gran dimorfismo sexual en el que los machos pueden pesar entre 40 y 70 kg, mientas que las hembras no pasan de los 30-40 kg. Por lo que respecta a la altura, hasta la cerviz pueden medir 50-110 cm (los machos mucho más que las hembras). I acerca de los cuernos, las hembras apenas presentan un par de pequeñas protuberancias, mientras que los machos pueden llegar a presentar unas magníficas cornamentas de 20-45 cm, y en el caso de algunas subespecies, de hasta 80 cm.

Kangojinja (漢国神社)

Una de las primeras cosas que hago al llegar a cualquier ciudad que visito como turista, especialmente si es la primera vez, es ir a la oficina de turismo a pedir mapas e informarme de qué es lo más interesante de la ciudad. Bueno, normalmente para confirmar lo que ya he buscado antes del viaje sobre ella. ¿Por qué lo hago si ya se lo que quiero ver? Pues por diversos motivos. En primer lugar, porque soy un coleccionista compulsivo de material turístico (siempre regreso con varios kilos de papel en folletos, prospectos, mapas, etc.), en segundo lugar por si mi visita coincide con algo especial (festival, celebración, aniversario, exposiciones temporales…), pero sobre todo porque me gusta ver la cara que suelen poner cuando les pregunto “¿qué más hay?”. Es evidente que no están demasiado acostumbrados a que la gente les pida información de cosas más allá de las que suelen promocionarse y que son las que puedes encontrar en cualquier guía de viajes.

Y el santuario que hoy os mencionaré es uno de estos ejemplos. En este caso no me lo mencionaron en la oficina de turismo, pero si que lo vi casi como una marca anecdótica en un plano de la ciudad. Kagojinja es un santuario muy pequeño, escondido entre las casas, pero muy cerca de la calle principal por la que pasa todo el mundo para ir a los templos más conocidos de Nara como Tôdaiji o Kasuga Taisha. Kagojinja está situado a 5’ caminando de la estación Nara de la compañía Kintetsu, y a 15’ de la estación Nara de JR, a un par de calles de la principal avenida comercial que conduce desde la estación JR hasta el parque de Nara y la zona de los templos.

Como nota curiosa, decir que el 19 de Abril, en este templo se celebra el Manju Festival para conmemorar la muerte de Lin Jingyin, la persona que elaboró el primer manju japonés (el manju es un tipo de wagashi o dulce tradicional japonés que suele tener una masa exterior a base de harina, polvo de arroz y alforfón, y estar relleno de azuki).

Supongo que os preguntaréis “¿Y que tiene que ver Kangojinja con todo lo que he dicho al principio?”. Pues que Kangojinja es uno de los ejemplos más claros de lo que debe hacerse, desde mi punto de vista, al visitar una ciudad: siempre que sea posible no debes ceñirte a los recorridos preestablecidos. Muchas veces pasando por un callejón que apenas si está marcado en el mapa, dando un pequeño rodeo para llegar a los sitios, o simplemente “perdiéndose un poco por la zona”, os permitirá no soplo captar el espíritu del lugar, sino que muchas veces también os permitirá descubrir pequeños rinconcitos muy agradables y tranquilos que tal vez no tengan una importancia histórica tan grande como los sitios situados en las rutas habituales, pero que pueden ser más bonitos o interesantes en otros aspectos que todos los “habituales” juntos.

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