Archive for the ‘Opinión’ Category

Feliz año del Gallo de Fuego

Ya hemos dejado atrás el año del Mono, y hemos entrado en el año del Gallo de Fuego, un signo muy dinámico, pero que no admite la improvisación, así que, para ser fiel al espíritu del año, los buenos propósitos para este año que comienza en relación al blog Viajes por Japón y la web de Descubrir Japón, son básicamente ser más constante en la elaboración de material, e iros presentándooslo de forma mucho más estructurada, por lo que recuperaré eso de “si hoy es lunes, toca hablar de XXX” que ya utilicé durante un tiempo con algunos apartados, pero esta vez cada día de la semana corresponderá a uno de los grandes bloques de la web o al blog. Esto no quiere decir que pretenda escribir cada día un artículo (aunque me gustaría), si no que si estáis especialmente interesados en un aspecto determinado de Japón y su cultura, habrá un día que habréis de estar especialmente atentos para saber si hay alguna novedad en relación al tema.

Recordad que todo el material que publicamos se ve reflejado en nuestros social media (Facebook, Twitter y Google+), así que si todavía no nos seguís, es un buen momento para hacerlo y así no perderos nada. También tengo el proyecto de, coincidiendo con el aniversario de la web o el blog, empezar una Newsletter para resumiros lo más interesante de lo que se ha hablado en la web y el blog, así como otros temas que quizás no tengan cabida en ellos.

Pero todo esto lo podréis ir descubriendo a medida que pase el año. De momento, en este, el primer escrito del año, lo más importante es desearos que este año del Gallo de Fuego sea mucho mejor que el anterior, y que juntos podamos compartir más que nunca nuestra pasión por el país del sol naciente.

明けましておめでとうございます!

nengajo2017

¿Tan difícil es entender las indicaciones japonesas?

Allá por 2004, el metro de Tōkyō sufrió una total renovación en su orientación para hacerla más “amigable” para los turistas, que se esperaba aumentaran considerablemente ante una serie de eventos internacionales que se avecinaban. Ahora, con la llegada del 2020 probablemente será todo el país el que sufra una profunda transformación en algunos elementos característicos para hacer más “amigables” con los turistas la iconografía de los mapas. ¡Ni las señales de tránsito se salvarán! Pero, ¿de verdad es necesario?

Cuando viajé por primera vez a Japón, en 2001, el metro de Tōkyō fue un problema por sus dimensiones. No estaba acostumbrado a tener que decidir entre cual de las +10 salidas debía elegir. No estaba acostumbrado a los retorcidos transbordos, capaces de desorientar a cualquiera. Pero si una cosa no me pasó nunca, es que me equivocara de estación por no saber qué ponía en las indicaciones, pues en todas las estaciones había placas con su denominación en romanji (la forma de escritura con caracteres occidentales). Unos años más tarde, en 2006, pude comprobar el profundo cambio que habían realizado para ayudar a los extranjeros: poner una letra y un número a cada estación para que así supiesen donde ir y en qué dirección (aumentando o disminuyendo los números… o sea, un sistema para tontos). No sé si alguien se sintió aliviado por este nuevo sistema, pero puedo asegurar que yo no lo he utilizado nunca, pues el anterior era más que bueno.

Ahora se acercan los JJOO Tōkyō 2020 y se está estudiando si cambiar dos elementos muy “japoneses” para que los extranjeros entiendan mejor las indicaciones: las señales de tránsito para indicar “Stop”, y los pictogramas para indicar los puntos más destacados de un mapa.

Sobre los pictogramas, mi opinión es la misma que sobre el cambio de nomenclatura de las estaciones de metro. Simplemente, no creo que haga falta. Todo mapa que esté bien hecho debe incluir una “clave del mapa” en la que se explique qué significa cada símbolo, así que no importa cómo se indique un lugar. Una polémica asociada, y motivo de debate entre los japoneses, es si deben cambiarse todos los mapas, o tan solo los dirigidos a extranjeros, dejando la simbología clásica en los mapas en japonés.

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Entre los cambios sugeridos destaca el de los templos budistas, en el que una vez más se ha mezclado la polémica de su similitud (aunque tan solo un tonto los confundiría) con el símbolo nazi.

Sobre la señal de tránsito de “Stop”, la verdad es que en Japón ha tenido una larga historia de modificaciones. El símbolo al que estamos acostumbrados en occidente se introdujo en Europa como consecuencia de la Convención de Naciones Unidas sobre Señales e Indicaciones de Tránsito de 1968, al igual que pasa en los EEUU, que a pesar de no haber adoptado este tratado, si que lo hizo con la señal octogonal. A Pesar de ello, la convención también permite el uso de una variante consistente en un círculo rojo con un triángulo invertido en el interior (señal que su utiliza en Pakistán).

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Por lo que respecta a Japón, se utilizaban unas señales similares a las de la convención desde 1950, siendo sustituidas en 1960 por otras de similares, pero de color rojo, y finalmente en 1963, justo antes de los JJOO Tōkyō 1964, se sustituyeron por los actuales bajo la premisa que se interpretarían más fácilmente. Ahora, ante unos nuevos JJOO se plantean dos opciones: escribir STOP debajo de la palabra actual (“tomare”, que significa para en japonés), o cambiar todas las señales por el modelo occidental. En cualquier caso, deberían cambiarse 1.7 millones de señales de “Stop” que hay por todo el país, con un coste estimado de 25.500 millones de Yenes si se acaban sustituyendo por la señal octogonal. Personalmente creo que es más fácil acostumbrarse a obedecer esta señal tal como está, que conducir por el otro carril, como nos pasaría a nosotros si tuviéramos que conducir por la izquierda como en Inglaterra (y también Japón), y a pesar de ello, se acaba haciendo sin apenas problemas.

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¿Se deberían prohibir los palos selfie?

Es cierto que las tecnologías afectan muy profundamente la forma de hacer las cosas y modifican nuestro comportamiento, a pesar que algunos no son más que “modas”, generalmente transitorias, pero con un gran impacto en nuestra vida. Y una de las que más ha modificado nuestros hábitos, no solo en la vida diaria, sino también en actividades más esporádicas, como los viajes durante las vacaciones, es la facilidad con que hacemos fotos con el teléfono móvil. Actualmente parece que no hayas hecho nada, y mucho menos te hayas ido de viaje a algún sitio, si no te has hecho una foro, generalmente mientras realizas alguna mueca o acción estúpida, y la publicas en internet, en el mayor número de redes sociales posible.

Y detrás de la moda de hacerte fotos capaces de ganar un concurso de poses estúpidas, y generalmente calcadas de la que en ese momento esté de “moda”, ha venido, lamentablemente creo que para quedarse, el palo selfie, este sencillo palo extensible que te permite hacerte una foto sin la ayuda de nadie más con más precisión y mayor ángulo de visión que no hace demasiado tiempo (cuando se pusieron de moda las “selfies”).

Pero con cada “avance” tecnológico llegan nuevos problemas, muchas veces pasados por alto hasta que sucede una desgracia, y generalmente causados porque ante un avance tan vertiginoso de las tecnologías y las “modas”, hay muchos aspectos de la vida que no pueden “adaptar” a la nueva situación. Y en cierta forma esto ha pasado con los palos selfie, que en muchos lugares de Japón se ha prohibido su uso.

“¿Qué no se pueden usar palos selfie? ¡Pero si son inofensivos!”, seguramente gritará más de uno. Pero la verdad es que pueden ser unos verdaderos instrumentos del demonio, y potencialmente muy peligrosos. Así, JR West ha ´prohibido su uso en todas las estaciones de su red ferroviaria, ya que, al margen que manejar descuidadamente un palo por unas instalaciones que se construyeron cuando ni tan solo se podía imaginar que una cosa así llegara a existir, hace que sea un riesgo muy grande que el palo entre en contacto con alguno de los numerosos cables que suelen estar suspendidos en el aire de las estaciones. Pero también las actitudes que suelen mostrar los usuarios hace que sean peligrosos, tanto para ellos como para otros pasajeros. Así, mientras una o más personas buscan el mejor ángulo para hacerse una foto conmemorativa del inicio o final de un desplazamiento, es muy probable que inadvertidamente (y en algunos casos simplemente porque no les importa), pueden golpear a otro viajero, pueden estorbar el flujo normal de personas (algo que en Japón en momentos de gran influencia puede suponer un gran peligro e incluso riesgos personales), o incluso caer inadvertida e inconscientemente a la vía.

Foto: The Japan Times

Foto: The Japan Times

Pero también hay otros sitios en los que se han prohibido estos artilugios del diablo, como en numerosos parques de atracciones (como Disney World Chiba, y también en los de otros países del mundo), entre otras causas por que pueden activar algún mecanismo de seguridad. En algunas piscinas y onsen se han prohibido para que no se utilicen para realizar fotografías inadecuadas (muchos tenemos en mente el estereotipo del pervertido japonés que hace fotos de las braguitas de las chicas por debajo de la falda, que si bien no es más que esto, un estereotipo, de haberlos los hay). Y también hay el caso de algunas instalaciones con animales que no se permite utilizarlos para evitar que entren en contacto con los cables electrificados que disuaden a los animales de salir, pero que pueden representar un peligro para la salud de la personas que los toque con este palo. Finalmente, en algunos casos tan solo se recomienda que se tenga mucho cuidado ya que pueden representar un riesgo, como en algunos accesos con escaleras muy empinadas (por ejemplo en algunos castillos japoneses), donde si se lleva extendido mientras se sube o baja, puede llegar a causar algún accidente peligroso.

¿Se deberían pues prohibir de forma más generalizada? Bien, la verdad es que la margen que lo considero un aparato inútil fruto de la mente de algún astuto ser que vio el potencial para estafar a millones de personas, si todos fuéramos más prudentes y lógicos (dos virtudes que cada día creo que menos gente posee de forma innata), no harían falta todas estas medidas. Desgraciadamente, el ser humano es el mejor capacitado pata iniciar acciones potencialmente peligrosas con una alegría y despreocupación realmente alarmante para su propia supervivencia, así que supongo que no hay más remedio que, aquellas personas que se preocupan por la seguridad tomen este tipo de medidas para proteger a la gente, incluso de de sí misma si hace falta.

¿Viajero o Turista?

¡Feliz Navidad a todos! Seguramente ya ni os acordarías de este blog, no en vano hace más de tres meses que os tengo totalmente abandonados. Sé que no tengo perdón por dejaros tan abandonados, pero prometo tratar de enmendarme este próximo año que está a punto de empezar (podéis estar seguros que es uno de los buenos propósitos para el nuevo año que encabezan la lista).

La verdad es que he estado muy ocupado con la página web Descubrir Japón, hermana de este blog, pero también he tenido una buena parte de culpa este artículo que hoy os presento, y con el que me he obsesionado a escribir de tal forma que ha acabado desplazando cualquier otro posible artículo del blog. O tal vez debería decir que la tienen los proyectos de artículo que lo han precedido, pues este no es más que el último de una larga lista de artículos sobre este tema desde diversos planteamientos, escritos y finalmente descartados por que no quería ser desconsiderado con nadie, ni que ningún lector pudiera sentirse molesto por su contenido. Espero que esta vez haya podido decir lo que realmente quería expresar de la forma que quería hacerlo.

A lo largo de mi vida he viajado a unos cuantos países, pero en ningún caso creo que pueda considerarme un viajero profesional, ni mucho menos. Aún así sí me considero más un viajero que un turista. “¿Qué diferencia hay?”, podríais preguntaros. Yo creo que son dos términos totalmente antagónicos, aunque cada uno puede tener una definición muy distinta a la del resto. Hace unos días, sin ir más lejos, pude ver una infografía que comparaba un turista con un viajero según su forma de hacer las cosas durante el viaje. Personalmente estoy totalmente en contra de lo que decía. En mi opinión asociaba el término “viajero” con “aventurero”, y consideraba “turista” al resto de gente que viaja por placer. La definición puede ser perfectamente válida para alguien, pero no es la que yo tengo en mente.

Ya hace tiempo que tengo la oportunidad de ver el mundo del turismo desde el otro lado, no desde la perspectiva de la persona que hace turismo, si no desde la de quien atiende al turista, y esto me ha hecho plantear muchas cosas sobre el turista en general. Y en último término ha sido el detonante que me ha llevado a escribir estas líneas (y a descartar borradores anteriores, escritos baja la influencia demasiado reciente del “calentamiento” consecuencia del trabajo diario en contacto con los turistas).

Lo he comentado muchas veces, y no profundizaré más en el tema, pero para mi una gran parte del placer de un viaje consiste en su preparación, la planificación y las decisiones previas a ni tan solo haber puesto un pie fuera de tu casa. Si, tal vez yo me paso de planificador, pero en general, antes de iniciar un viaje siempre estoy bastante informado de todo lo que me puede ser útil.

Ahora pasemos a valorar como es el turista (según mi definición personal) en general. Yo vivo en una ciudad, Barcelona, que es visitada por millones de turistas cada año, muchos de ellos japoneses, y por tanto es posible encontrar-se de todo tipo. Muchos supongo que serán como yo, metódicos, pero hay muchos más (o al menos es mi impresión) que son todo lo contrario, tal vez por que proceden de países con poca cultura viajera (al menos de viajar al extranjero), tal vez porque son demasiado despreocupados. Sea como sea hay cosas que personalmente considero que caen por su propio peso, y por eso al ver ciertas actitudes mayoritarias, tan solo me cabe pensar que para mucha gente, hacer turismo es ir a un sitio que te han dicho que es magnífico, sin saber realmente nada de lo que lo hace tan “magnífico”, y confiar en la suerte, los cupones de descuento que te pueden ofrecer por diversos medios y la dirección en que se mueve la masa ingente de turistas para llegar a esos sitios en los que es necesario que te hagas una foto para poder decir que has estado (con photoshop sin duda se podría obtener el mismo resultado por mucho menos dinero).

Podría poner miles de ejemplos de las tonterías que llegan a cometer los turistas como consecuencia de esta forma de viajar, pero nos apartaría del tema importante.

Anteriormente he mencionado una infografía que equiparaba al viajero con el aventurero, con aquella persona que se cuelga la mochila a la espalda, se dirige a un sitio, y allí va descubriendo un nuevo mundo de forma totalmente despreocupada y aventurera. Esta no es mi definición de viajero, si no una categoría totalmente nueva y al margen de los que viajan por vacaciones. Mi definición de turista y viajero sería:

Turista: persona que pasa unos días de vacaciones en un lugar alejado de su residencia habitual sin realmente conocer nada del sitio que visita, y preocupándose tan solo de tener unas fotos que mostrar a los amigos, dejarse engañar para hacer/comer/visitar las cosas “típicas” del lugar visitado según una fabricación totalmente artificial “hacha para turistas”, y quejarse alto y fuerte de cualquier cosa que no le convenga (por lógica y sensata que sea), por el simple motivo que “es un turista”, como si esto fuera un buen motivo para justificar cualquier cosa.

Viajero: persona que pasa unos días de vacaciones en un lugar alejado de su residencia habitual, interesado en conocer realmente el sitio que visita, preocupándose de crear unos recuerdos perdurables de su visita, decidido a hacer/comer/visitar las cosas que más le interesan, tratando de descubrir el aspecto más auténtico y menos “para turistas” que pueda, y habiéndose preocupado de saber todo lo que hace falta saber del lugar para después no tener ninguna queja o problema que le puedan estropear la experiencia.

La diferencia entre ambos tipos puede verse de forma especialmente clara ent emas como el idioma, transporte, visitas, zonas por las que moverse, trato con la gente en general, y la buena o mala educación (entendida como la forma de comportarse en general, no a los conocimientos que puedan poseerse, aunque a veces están relacionados).

Por mi experiencia más reciente, puedo decir que en términos generales (y dejando a un lado las excepciones, que siempre las hay, pero que no hacen más que confirmar la regla general) hay países que acostumbran a tener más “turistas” que viajeros (sobretodo rusos y habitantes del Este de Europa en general, pero también de sitios con bastante población de este origen, como Israel), mientras que otros parecen mucho más cerca de ser “viajeros” como los japoneses y coreanos.

Seguramente si os interesáis por un blog como este os consideraréis “viajeros”, y teniendo en cuenta los países de los que sois la mayoría, seguramente seréis excepciones que confirman la regla. En términos general, ¿estáis de acuerdo? Vosotros, ¿qué consideráis que sois?

Estaciones de metro laberínticas

Por motivos laborales, ya hace un cierto tiempo que soy testigo de los problemas que tienen los turistas con la red de metro de mi ciudad, una red que es muy sencilla y fácil de entender, especialmente si la comparamos con la de otras ciudades del mundo. Es por eso que cada vez que veo los problemas que tienen, no puedo de dejar de pensar: “¡Pues si estuvierais en Japón no sé si sobreviviríais a la experiencia!”.

En Japón he utilizado las redes de metro de cinco ciudades: Tōkyō, Ōsaka, Kyōto, Nagoya y Fukuoka. La red de metro de las tres últimas no es especialmente complicada, pero en el caso de las dos principales ciudades del país no solo es complicada la red de metro por la existencia de diversas compañías de metro y por el hecho de que a veces es complicado distinguir entre metro y ferrocarril (algunas líneas son compartidas y por la misma vía es posible que, de repente, pase un convoy de ferrocarril, que no tiene nada que ver con los convoyes de metro de que estás esperando). Pero hoy me quiero concentrar en las estaciones de metro de estas dos ciudades, que en algunos casos son especialmente laberínticas.

Las estaciones de metro menos importantes pueden ser relativamente sencillas (dos vías, uno o dos andenes y unas pocas salidas), aunque los recorridos para acceder a ellas pueden ser bastante enrevesados. Pero a medida que vamos añadiendo más líneas, transbordos, y una amplia área de influencia que puede multiplicar el número de salidas, la cosa puede complicarse hasta niveles considerables.

Y si la estación tiene una zona comercial, la dificultad aumenta todavía más, pues el laberinto puede llegar a derivar en una auténtica mini ciudad subterránea, por la que podrías incluso ir caminando bajo tierra hasta otra estación sin casi ni darte cuenta.

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Pero pongamos algunos ejemplos para ilustrarlo.

Shinjuku (Tōkyō), no solo es la estación ferroviaria con más tránsito de pasajeros diarios del país, sino que por lo que respecta a las estaciones de metro, hay tres estaciones, de tres líneas distintas, que están comunicadas bajo tierra por unas galerías comerciales, de forma que puedes ir de un extremo a otro de esta bulliciosa zona sin ni tan solo ver el cielo.

Hacer algunos transbordos es como iniciar una expedición. No es que sean complicados de seguir pues están bien señalizados, pero cuando te bajas del metro y ves una indicación de que el transbordo que quieres hacer está en una determinada dirección ¡a más de 1 km de allí!, por experiencia os puedo decir que te quedas pasmado y con la boca abierta, convencido de que está equivocado, hasta que has acabado todo el recorrido y acabas convencido de que incluso se han quedado cortos. En Otemachi (Tōkyō) me encontré con un transbordo como este, y no sé si estaba bien calculada la distancia o no, pero es muy probable. Primero fue necesario llegar al otro extremo de la estación, que es capaz de albergar convoyes de diez vagones, más una distancia de seguridad adicional; a continuación tuvimos que subir, bajar, recorrer largos corredores, pasar por debajo de otros andenes, etc., para llegar finalmente a la línea que buscábamos; y entonces aún tuvimos que hacer un recorrido adicional para ir hasta el andén por el que pasaban los trenes en sentido contrario. ¡Como para ir con prisas!

Respecto a los transbordos, un amigo me contó que él incluso había hecho un transbordo en que tuvo que salir a la calle para volver bajo tierra un poco más adelante. Afortunadamente, en el suelo había unas marcas que indicaban el camino de forma suficientemente clara como para que tu sorpresa por el recorrido no hiciera que te perdieras.

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Y otra dificultad, cuando has llegado a tu destino, es saber por dónde debes salir. Esto también puede ser una odisea cuando tienes ¡¡¡más de 50 salidas entre las que elegir!!! Y existe un caso como este. En el centro de Ōsaka, contadas una a una, llegamos a contar 53 salidas. Eso sí, todas perfectamente señalizadas, numeradas e indicadas en unos mapas dónde también pone a donde sales, y especificando que elementos destacables hay cerca de esa salida. Sin embargo, en algunos casos tanta información tan solo sirve para aumentar la confusión. Un problema adicional es que algunas salidas están literalmente dentro de edificios, que si no sabes muy bien dónde debes ir, no sabrás distinguir entre salida Norte, Sur, Este u Oeste de un mismo lugar, y que si te equivocas, corregir el error puede ser aún más complicado que salir del metro.

Estos son tan solo algunos de los problemas que os podéis encontrar en las estaciones de metro de las principales ciudades japonesas. La verdad, cuando algunos turistas me hacen determinadas preguntas estúpidas sobre la simple red de metro de mi ciudad, a veces tengo ganas de ver como se desesperarían en una red como la de estas ciudades. O tal vez es que es tan sencilla la del metro de Barcelona, que no se lo creen y se piensan que los estamos engañando.

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