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Castillos japoneses (日本の城)

Una de las estampas más características para el turista que visita Japón es sin duda los castillos, herencia de una época a la que tantas y tantas películas de samuráis nos han transportado, y que a muchos nos gusta revivir en vivo y en directo siempre que sea posible.

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En Japón hay centenares de castillos, pero desgraciadamente, la mayor parte no son más que cuatro piedras que tan solo sabes que son las ruinas de un castillo por que te lo dicen, no por que llegues a ver ninguna estructura que sea reconocible. Si lo pensáis con calma, teniendo en cuenta las guerras, las fuerzas de la naturaleza (terremotos e incendios, básicamente) y las técnicas de construcción más utilizadas, posiblemente acabemos sorprendiéndonos de que todavía queden tantos.

En cualquier caso, tengo localizados aproximadamente unos cincuenta castillos que se pueden identificar fácilmente como tales (aunque en muchos casos solo queda la torre principal), muchos de ellos considerados tesoros nacionales. En este blog ya he hablado de la mayoría de los que he tenido la suerte de visitar, que no representan ni la mitad de los que tengo localizados. Como he dicho en estas ocasiones, muchos de los castillos que siguen en pie son reconstrucciones parciales realizadas en tiempos modernos, y en muchas ocasiones utilizando técnicas modernas de construcción, lo que hace que tan solo tengamos la engañosa sensación de estas viendo un castillo original, a pesar de estar hecho de hormigón.

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Dentro de la campaña “12 meses, 12 temas”, tengo la intención de dedicar el mes de Julio a los castillos, hablando de aquellos que todavía no han encontrado su lugar en este blog, como el castillo de Kanazawa o el de Nagoya. Si revisáis los artículos anteriores sobre castillos publicados en este blog, o seguís leyéndome a lo largo de este mes, la lista completa de castillos que encontraréis es:

Evidentemente, no es una revisión exhaustiva de todos los castillos que se pueden visitar en Japón, ni tan solo de los más representativos o conocidos (faltan algunas joyas como el de Kumamoto, por poner solo un ejemplo), pero si todos los que he conseguido visitar hasta ahora, que es la premisa con la que estoy escribiendo este blog desde sus inicios: “hablar solo de lo que tengo una experiencia de primera mano”.

Ninomaru Shiseki Teien

De la historia del castillo de Matsuyama ya os hablé anteriormente en este blog, y hoy os hablaré de un parque construido sobre los restos de una parte de este castillo, y que pese a no ser demasiado espectacular, representa una agradable y tranquilizadora visita para hacer una pausa relajante durante la visita a Matsuyama, además de una parada para descansar antes de hacer el ataque final a la montaña si habéis decidido ir hasta el castillo a pie en vez de utilizar el teleférico.

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Castillo de Matsuyama (松山城)

Justo en medio de Matsuyama, en lo alto de una colina (132m de altura) del mismo nombre que la ciudad (creo que es esta la que le debe el nombre a la colina y no al revés) se levanta el Castillo de Matsuyama, uno de los innumerables castillos que hay por todo Japón, clasificado como Importante Bien Cultural (especialmente por algunas de sus puertas) y en muy buen estado de conservación gracias a diversas reconstrucciones, pese a que su historia ha estado más libre de incidentes y accidentes que otros castillos. Se trata de un castillo de considerables dimensiones, considerado uno de los tres castillos de múltiples alas más grandes que se construyeron en una colina en medio de una llanura, junto con los castillos de Wakayama y Himeji.

Actualmente el castillo se encuentra en el centro de la ciudad, pero en sus orígenes no existía la ciudad, y si se eligió este emplazamiento para la construcción del castillo es por tratarse de una colina muy bien situada en el centro de la llanura de Dogo. Fue fundado por Yoshiakira Katoh, un samurai leal a Hideyoshi Toyotomi que fue acumulando poder combatiendo valerosamente (especialmente en la flota) desde sus tierras de Masaki (próximas a la actual Matsuyama) hasta que en la decisiva batalla de Sekigahara (año 1600) se unió a Ieyasu Tokugawa, que lo recompensó con 200.000 koku.

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